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mayo 10, 2016

Escala humana vs. escala divina

   
  Buen día, 


     J. I. Packer ha sido uno de los teólogos y escritores que más he disfrutado a lo largo de los años.  Su libro Knowing God (Conociendo a Dios) ha sido uno de los más influyentes para el cristianismo.  Y, como el título sugiere, Packer se enfoca en explicar quién y cómo es Dios, de una manera bastante accesible - si tienes oportunidad de leerlo, es muy recomendable.  Bien sabemos que para el ser humano es imposible llegar a comprender a Dios y conocerlo, pero Packer hace un buen trabajo.  

     El texto de hoy enfatiza la diferencia que existe entre Dios y los hombres.  Es importante tenerla en mente porque podemos correr el riesgo de interpretar a Dios como cualquier otro ser creado, y esto no es así. La creación es maravillosa, nos muestra la gran creatividad y poder del Creador.  Él es nuestro Dios, él es nuestro creador, y él es nuestro Padre.  Espero que lo disfruten.

     "Hoy, se pone mucho énfasis en la idea de que Dios es personal, pero esta verdad es expuesta de tal forma que da la impresión de que Dios es una persona como nosotros - débil, inadecuado, inefectivo, un poco patético.  ¡Pero ése no es el Dios de la Biblia!  Nuestra vida personal es una cosa finita: está limitada en cada dirección, en espacio, en tiempo, en conocimiento, en poder.  Pero Dios no está limitado en ningún sentido.  Él es eterno, infinito, y todopoderoso.  Él nos tiene en sus manos; nosotros nunca lo tenemos en las nuestras.  Como nosotros, Él es personal, a diferencia de nosotros, Él es grandioso.  Con todo el énfasis constante en la realidad de la preocupación personal de Dios por su pueblo, y en su gentileza, ternura, empatía, paciencia, anhelo de compasión que Él muestra hacia ellos, la Biblia nunca nos permite perder de vista su majestuosidad y su dominio ilimitado sobre todas sus criaturas."
p. 83

     Packer continúa hablando de la creación del universo.  Lo hace de forma muy somera, porque hablar de las estrellas y del espacio estelar es un tema muy amplio y complejo.  Pero aun con esta sencillez, el asombro persiste.

     "Mira a las estrellas.  La experiencia más fascinante que la mayoría de los humanos conocemos es la de estar sólo de pie en una noche clara y ver a las estrellas.  Nada te da un sentido de lejanía y distancia; nada te hace sentir más poderosamente la pequeñez e insignificancia de uno mismo.  Y nosotros que vivimos en la era espacial podemos complementar esta experiencia universal con nuestro conocimiento de los factores involucrados - millones de estrellas, miles de millones de años luz en distancias.  Nuestras mentes giran; nuestra imaginación no puede comprenderlo; cuando intentamos de concebir las profundidades inimaginables del espacio exterior, quedamos mentalmente extasiados. 

     Pero, ¿qué es este Dios? 'Alcen los ojos y miren a los cielos: ¿Quién ha creado todo esto?  El que ordena la multitud de estrellas una por una, y llama a cada una por su nombre.  ¡Es tan grande su poder, y tan poderosa su fuerza, que no falta ninguna de ellas!'  (Is 40:26).  Es Dios quien hizo las estrellas, fue Dios quien las colocó en el espacio; Él es el Hacedor y Maestro - todas ellas están en sus manos y sujetas a su voluntad.  ¡Miren a su Dios!
pp. 87-88

     La propuesta de Packer es maravillosa: simplemente mirar a las estrellas en un lugar apartado.  Una experiencia que nos permite entender que la escala humana es ínfima ante la creación de Dios, nuestro Dios.  El Dios todopoderoso que hizo todo lo que se ve de lo que no se ve, con perfección y belleza.


     Este Dios, tan excelso decidió hacernos sus hijos; únicamente por amor.  En ese sentido, Dios es muy personal, nuestro Padre y ese pensamiento es maravilloso.  Dios nos ama a pesar de nuestra pequeñez.  Puede ser fácil perder la escala.  Estamos acostumbrados a asombrarnos por los avances que logra la humanidad, es fácil creer que podemos dominar todo.  Sin embargo, al vernos con mesura, entendemos qué tan insignificantes somos si nos comparamos con el tamaño y fuerza del universo.  Pero Dios nos amó y nos ama.

     Podemos, como el salmista exclamar "¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? (Sal 8:4).

Guillermo Bernáldez F

septiembre 15, 2010

Sufriendo en los Caminos de Dios



Buen día,

Una de las preguntas más frecuentes entre los cristianos está relacionada con la voluntad de Dios para él o para ella. Se ha hecho popular la idea de que si no hay dificultades, entonces Dios está avalando la decisión tomada. Es verdad que Dios promete en muchas partes de la Biblia que Él bendecirá y prosperará a los que sigan sus mandamientos. Pero J. I. Packer, en su libro Knowing God (El Conocimiento del Dios Santo) nos hace ver que esa no es todo lo que Dios nos dice a través de su Palabra: la Biblia.

Este es un cuadro realista basado en enseñanzas bíblicas (¡nuevamente enfatizo!). Porque es muy desalentador que a uno le prometan que los caminos de Dios son siempre fáciles y que están exentos de toda problemática: ¡no es cierto! Los problemas y los dolores tienen un propósito en el maravilloso plan de Dios. Además Dios es fiel. Eso nos da esperanza y nos ayuda a no rendirnos en medio de los problemas.

La idea de puertas abiertas y cerradas es una buena analogía, pero no describe la realidad bíblica. Si las personas que Packer menciona se hubieran dejado llevar por esta idea simplista, ni el pueblo de Israel, ni los discípulos, ni Pablo, ni Jesús mismo hubieran cumplido su propósito.

Espero que lo disfruten y se sientan desafiados y animados a seguir los caminos de Dios y a perseverar en ellos porque el galardón es nuestra promesa.

"... Los problemas siempre deben ser tratados como un llamado para reconsiderar nuestro andar. Pero los problemas no siempre son, necesariamente, un signo de estar fuera del camino: porque como la Biblia generalmente declara que 'muchas son las angustias del justo' (Sal 34.19), así que nos enseña que particularmente aquellos que regularmente siguen la guía de Dios pasan por dolores y aflicciones que de otra manera uno hubiera podido evitar. Los ejemplos abundan. Dios guió a Israel por medio de una columna de fuego que iba delante de ellos (Exo 13:21-22) ; aun así el camino por el Dios los llevó incluyó cruzar el Mar Rojo, muchos días sin agua ni carne en (Deu 1:19, 31-33), batallas sangrientas contra Amalec, Sijón y Og (Exo 17:8; Num 21:21-24; Num 21:33) que en sus momentos culminantes les destrozaban los nervios, y podemos entender y hasta disculpar, las constantes quejas de Israel (Exo 14:10-12; 16:3; Num 11:4-6; 14:3-4; 20:3-5; 21:5). Otra vez, los discípulos de Jesús se vieron atrapados dos veces en una tormenta en medio de la noche en el Mar de Galilea (Mr 4:37; 6:48), y la razón de ambas fue porque obedecieron las órdenes de Jesús mismo (Mr 4:35; 6:45). También, el apóstol Pablo cruzó hacia Grecia 'convencido' de que su sueño del hombre de Macedonia 'que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios' (Hch 16:10), y no mucho tiempo después ya estaba preso en Filipo. Después Pablo 'se propuso en espíritu ir a Jerusalén' (Hch 19.21 RV60), y les dijo a los ancianos de Éfeso que encontró en su camino 'he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones' (Hch 20:22-23). Y así fue: Pablo encontró problemas en gran escala por seguir la guía divina.

Esto no es todo. El último ejemplo y prueba ... mira a la vida de Jesús mismo. Ninguna otra vida humana ha sido tan completamente guiada por Dios, y ningún otro ser humano ha sido descrito tan exhaustivamente como un 'hombre de dolores'. La guía de Dios distanció a Jesús de su familia y de sus coterráneos, lo llevó al conflicto con todos los líderes religiosos y civiles de la nación, y finalmente a la traición, arresto y la cruz. ¿Qué más pueden esperar los cristianos al permanecer en la voluntad de Dios? 'El discípulo no es superior a su maestro, ni el siervo superior a su amo... Si al jefe de la casa lo han llamado Beelzebú, ¡cuánto más a los de su familia!' (Mt 10:24-25)"
(217-218)

Packer continúa más adelante con una explicación bastante reconfortante:

"... La guía de Dios, como todos sus acciones de bendición bajo el pacto de la gracia, es una acción soberana. No sólo nos guiará Dios en el sentido de mostrarnos su camino, para que lo podamos caminar; Él también quiere guiarnos en una forma más fundamental para asegurarnos que sin importar lo que pase, cualquier error que podamos cometer, Él nos hará llegar a salvo a nuestro destino. Sin duda habrá veces que nos desviemos y nos extraviemos, pero sus brazos eternos están debajo de nosotros; seremos atrapados en sus brazos, seremos rescatados y restaurados. Esta es la promesa de Dios; así de bueno es Él."
(220)

Los problemas y el dolor son inevitables en la vida en la tierra. Afrontemos esto con valor y esperanza. Por otro lado, animemos a los que están pasando por momentos amargos.


Que podamos estar preparados para lo que venga y que también podamos acompañar a los que están pasando por momentos difíciles. Estar preparados es conocer esto antes de pasar por los problemas que durante ellos... en esos momentos lo mejor es un acompañamiento en el dolor y las lágrimas.

Dios es fiel a sus promesas. ¡Aleluya!

GB

julio 14, 2010

Duele Crecer



Saludos,

Esta semana el pensamiento es algo largo, pero creo que vale la pena. Y es que con frecuencia muchos de nosotros nos sentimos frustrados o decepcionados porque sentimos que no avanzamos en nuestro conocimiento de Dios, santidad, sabiduría, etc. Otras veces, sentimos que por largos periodos luchamos, y no parece que logramos avanzar. En especial cuando el cristianismo popular nos dice al aceptar a Cristo, nuestros problemas están resueltos si tenemos suficiente fe. Nos sentimos mal porque se nos dice que nos falta fe, que tenemos pecados ocultos (la pregunta es ¿quién no tiene pecados ocultos o evidentes?), etc. Hay pocas cosas más crueles que agregar sufrimiento a la persona que ya sufre. Decirle que sus esfuerzos más sinceros no logran que Dios. Las cosas no son así.

J. I. Packer nos hace ver en su libro titulado Knowing God (El conocimiento del Dios santo) que el proceso de santificación es lento, que aprendemos lentamente y que debemos sentirnos totalmente incapaces de manejar las cosas por nosotros mismos para poder ver y comprender la gracia de Dios en nuestras vidas. Por eso es que Dios permite que nos enfrentemos a situaciones dolorosas y demandantes.

Espero que lo disfruten y se sientan desafiados para ver la mano de Dios - sabio, amoroso y Todopoderoso - en los eventos que enfrentamos.

"... Abraham era capaz de repetidas decepciones mezquinas, que pusieron en peligro la castidad de su esposa (Gen 12.10-20). Simplemente, él era por naturaleza un hombre de poco coraje moral, demasiado ansioso de su seguridad personal (Gen12.12 ss; 20.11). También, era vulnerable a la presión; cuando su esposa insistió, tuvo un hijo con su sierva, Agar, y cuando Saraí reaccionó al orgullo de Agar durante su embarazo con recriminaciones histéricas, él dejó que Saraí echara a Agar de la casa (Gen 16). Es evidente, entonces, que Abraham no era por naturaleza un hombre de principios sólidos, y su sentido de responsabilidad era algo deficiente. Pero Dios en su sabiduría trató con esta persona placentera no heroica de tal modo que no solo él cumplió fielmente el papel señalado en el escenario de la historia de la iglesia, como pionero ocupante de Canaán, primer receptor del pacto de Dios (Gen 17) y padre de Isaac, el hijo del milagro; él también se volvió un hombre nuevo.

Lo que Abraham necesitaba más que nada, era aprender a practicar a vivir en la presencia de Dios, a ver su vida en relación con Él, y verlo a Él, y solo a Él como Capitán, Defensor y Galardonador. Esta era la gran lección que Dios en su sabiduría se concentró en enseñarle. 'No temas, Abram. Yo soy tu escudo, y muy grande será tu recompensa' (Gen 15:1). 'Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable (Gen 17:1). Una y otra vez Dios confrontó a Abraham con Él mismo, y así lo llevó hasta el punto donde su coarzón podía decir, con el salmista, '¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra... Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna' (Sal 73.25 ss). A medida que la historia continúa vemos en la vida de Abraham los resultados de haber aprendido la lección. Las viejas debilidades todavía reaparecen, pero junto con ellas emerge una nueva nobleza e independencia, el resultado de hábito desarrollado por Abraham de caminar con Dios, descansando en su voluntad revelada, descansando en Él, esperando en Él, postrándose ante su providencia, y obedeciéndolo aun cuando sus órdenes son algo extrañas y no convencionales. Abraham cambia de ser un hombre del mundo, por un hombre de Dios.

Así, respondiendo al llamado de Dios, sale de casa y viaja a través de la tierra que sus descendientes habrán de poseer (Gen 12.7) - aunque él mismo no lo hará, nota; Abraham nunca poseyó nada en Canaán más que su tumba (Gen 23) - observamos en él una nueva humildad, cuando él cede el privilegio a su sobrino Lot (Gen 13.8 ss). Vemos un nuevo coraje, cuando con tan solo unos trescientos hombres va a rescatar a su sobrino Lot de las fuerzas combinadas de cuatro reyes (Gen 14.14 ss). Vemos una nueva dignidad, cuando rechaza quedarse con el botín, de otra manera hubiera sido el rey de Sodoma quien lo hiciera rico, en lugar del Dios Altísimo (Gen 14.22). Vemos una nueva paciencia, cuando espera por un cuarto de siglo, desde los 75 a los 100 años, para ver el nacimiento del heredero prometido (Gen 12.4, 21.5). Lo vemos volverse un hombre de oración, un intercesor inoportuno, cargado con un sentido de responsabilidad ante Dios por el bienestar de los otros (Gen 18.23 ss). Vemos en él al final de una vida decididamente dedicada a la voluntad de Dios, y con tal confianza en que Dios sabe lo que hace, que está dispuesto a matar a su propio hijo, el heredero que por tanto tiempo esperó, cuando Dios se lo ordena (Gen 22). ¡Qué forma tan sabia de Dios al dar estas lecciones! ¡Y qué bien la aprendió Abraham!"
(82-83)

Después de hablar de la vida de Abraham, Packer nos habla de Jacob, a quien Dios permitió una vida de "complejas relaciones decepcionantes". Más adelante habla de José, quien fue "probado, refinado y madurado... como esclavo y estando en prisión" también por un periodo largo de tiempo. Más adelante nos hablará de Pablo. Todos ellos comparten varios factores en común: sufrieron, aprendieron y crecieron. Por eso más adelante Packer concluye diciendo:

"... Por lo tanto, no debemos sorprendernos cuando cuando eventos inesperados, que nos trastornan y desaniman nos pasan a nosotros. ¿Qué significan? Simplemente que Dios en su sabiduría está creando algo en nosotros que todavía no hemos alcanzado, y está tratando con nosotros de acuerdo a ello.

Es posible que Él esté fortaleciendo nuestra paciencia, buen humor, compasión, humildad, mansedumbre, dándonos un poco de práctica extra en el ejercicio de estos dones bajo condiciones especialmente difíciles... como todos los santos saben, la amistad con el Padre y con el Hijo son más vívidas y dulces cuando, y el gozo cristiano llega a su máximo, entre más pesada es la cruz."
(86)


Por lo tanto no nos desesperemos. Luchemos la buena batalla y perseveremos para recibir la corona que Dios tiene para sus hijos e hijas. Oremos para que nuestro Padre nos dé fortaleza para seguir adelante, a pesar de que no podamos entender nuestra situación actual. Nuestro andar es por fe y no por vista, y la fe es la esperanza de lo que se espera.

GB

junio 16, 2010

Conocer


Saludos,

Con frecuencia, las personas que hemos asistido a alguna congregación pensamos - erróneamente - que conocemos a Dios. Nuestra creencia está basada en cuántas veces hemos leído la Biblia, cuántas reuniones asistimos, cuántos versículos sabemos de memoria, cuántas personas visitamos, etc. Sin negar la importancia que tienen todas estas cosas, es posible que en realidad nuestro conocimiento de Dios no sea un conocimiento personal e íntimo, sino uno de hechos, de preguntas de trivia, un conocimiento distanciado de Dios. J. I. Packer comienza su libro Knowing God (El Conocimiento del Dios Santo) citando una historia de J. A. Mackay de unas personas que están en el camino y otras que desde un balcón las ven pasar. Las segundas pueden hablar acerca de lo que escuchan a las personas que pasan: la distancia, el estado del camino, etc. Sin embargo los que están caminando en realidad saben lo que es estar andando por el camino en carne propia. Lo mismo sucede con Dios: podemos conocer hechos históricos, doctrinas, nombres, fechas, etc., pero no lo conocemos como un verdadero amigo.

Ésta es la premisa de este libro. Packer nos hace ver que muchos cristianos - verdaderos cristianos - aunque salvos, no conocen a Dios, y por lo mismo no gozan de una relación profunda con Él. Si tienes la oportunidad de leer este libro, es uno muy recomendable; de hecho es considerado ya, por muchos, como un clásico contemporáneo. Es un libro desafiante, que nos hace preguntarnos ¿cómo conozco a Dios? ¿Es un amigo mío o es un extraño del cual sé mucha información?

En esta cita Packer nos habla de la meditación. Espero que lo disfruten:

"¿Cómo podemos hacer esto? ¿Cómo podemos cambiar nuestro conocer de Dios por un conocer a Dios? La regla para hacer esto es demandante, pero sencilla. Es que cambiemos cada verdad que hemos aprendido de Dios en algo para meditar delante de Dios, que nos lleve a la oración y a la alabanza a Dios.

Quizá tenemos una idea de lo que es la oración, pero ¿qué es la meditación? podemos preguntar; porque la meditación es un arte que se ha perdido, y los cristianos lamentablemente sufren en su ignorancia de la práctica. La meditación es la actividad e llamar a la mente, pensar nuevamente, habitar, y aplicar a uno mismo las varias cosas que uno sabe acerca de las obras, los caminos, los propósitos y promesas de Dios. Es una actividad de pensamiento santo, realizada conscientemente en la presencia de Dios, con la ayuda de Dios, como un medio para estar en comunión con Dios. Su propósito es la claridad visual, mental y espiritual, de Dios, y dejar que su verdad impacte total y correctamente nuestro corazón y mente.
Es hablarse a uno mismo acerca de Dios y uno mismo; es, de hecho, con frecuencia el discutir con uno mismo, razonando desde los puntos que dudamos y no creemos hacia una aprensión clara del poder y la gracia de Dios. Su efecto siempre nos hace humildes al contemplar la grandeza y gloria de Dios, y nuestra propia pequeñez y pecaminosidad. También nos nos anima y nos afirma - nos 'conforta', en el fuerte, antiguo y bíblico sentido de la palabra - mientras las riquezas inescrutables de la misericordia divina mostrada en el Señor Jesús Cristo... Y es el entrar más y más profundamente en esta experiencia de ser humillado y exaltado en el hecho de que nuestro conocimiento de Dios aumenta, y con él, nuestra paz, nuestra fuerza y nuestro gozo. Que Dios nos ayude, entonces, a poner nuestro conocimiento acerca de Dios para este uso, para que todos podamos 'conocer al Señor' verdaderamente."
18-19


El conocimiento personal de Dios no nos deja igual; nos hace cambiar al poder percatarnos, aunque sea parcialmente, de su grandeza y majestad, su pureza y santidad; su infinito pasado y futuro; su poder, etc., y al vernos a nosotros mismos, nos damos cuenta de cuánto dependemos de Él, y cuánto nos ama para llamarnos hijos e hijas. Me despido con la pregunta que hizo Michael Card ¿cómo crees que hubiera sido el ser el mejor amigo del Señor Jesús?, esperando que podamos aprender el viejo arte de la meditación santa.

GB

enero 07, 2010

Péndulos y Balance

Saludos y feliz año nuevo,

Hemos estado en el camino visitando a familia y amigos y no pude enviar el pensamiento la semana pasada... y este viene con algunos días de retraso, sin embargo me parece que es un buen momento para pensar no solo durante la semana, sino durante el año (y durante todo el tiempo que seamos cristianos), porque los extremos que menciona J. I. Packer son muy frecuentes, y dañinos al testimonio que damos de Jesús. La cita es de su libro Los Planes de Dios para su Vida.


Los problemas que Packer presenta en este capítulo son muy frecuentes y desgraciadamente podemos caer en ellas fácilmente, y muchas veces como resultado de buenas intenciones; muchas veces resultado de buenas intenciones, sin embargo erróneas. Es probable que nos parezca imposible vernos como fariseos o como sordos a la ley de Dios, pero sin duda, somos uno y/o el otro.
Sin duda tenemos mucho que pensar y aprender - a la luz de la Biblia - cómo relacionarnos con el mundo que Dios ha creado, y al mismo tiempo, ser sal y luz. Disfrútenlo:

"Nosotros, los cristianos, somos en realidad terriblemente malos para evitar los extremos. Somos como péndulos, constantemente balanceándonos de un lado al otro... Ni se busca, ni se encuentra el equilibrio. La reacción del hombre no logra hacer trabajar entonces la justicia de Dios.

Un ejemplo de esto es la oscilación pendular de la ética popular evangélica desde los legalismos hasta las antinomias y desde un espíritu de separación hasta uno de mundanalidad durante el medio siglo pasado... cada extremo es igualmente desequilibrado y mediocre.

Cuando digo legalismo, no me refiero en parte por medio de las obras (la herejía de los gálatas), sino a un enfoque controlado de la vida cristiana que recubre la libertad y el amor cristiano con una clase de fariseísmo cristianizado. Este fariseísmo ve a la vida cristiana principalmente en función de la conducta externa - en lo que ustedes y yo hacemos o no hacemos... el legalismo percibe la santidad de forma negativa, enfatizando la abstinencia del mal y no hacer el bien; es elitista en su disposición para censurar a los cristianos que son menos adictos a sus tabúes, y es débil en cuanto a su amor fraternal.

Cuando digo antinomia me refiero a no tomar la ley de Dios con seriedad como guía de conducta... Las personas antinómicas tienden a identificar los impulsos interiores como insinuaciones del Espíritu Santo, aun cuando vayan en contra de la ley. Necesitan comprender que la ley moral de las Escrituras expresa lo que le gusta y lo que le disgusta a Dios, de modo que que sólo podemos complacerlo cuando la observamos.

Hace cincuenta años [y todavía ahora] los evangélicos enseñaban cómo vivir de manera cristiana de forma legalista; 'No fumen, ni beban, no hagan trampas, no mientan, no mastiquen [tabaco] / y no se junten con aquellos que lo hagan'. (¿Suena familiar?) En aquellos días, lo principal era evitar contaminarse con el mundo. Esta escuela de pensamiento desconectaba la idea de que los cristianos tienen la libertad de disfrutar de la creación de Dios mientras que intentan cambiar el mundo para que sea mejor. La reacción en contra de esta forma de pensar nos ha llevado ahora al extremo opuesto. Muchos cristianos han adquirido, sin pensarlo, el estilo de vida que permite toda clase de excesos del mundo secular. La condena bíblica de las irregularidades sexuales y a la búsqueda egoísta de las riquezas, placeres y poder es totalmente ignorada, y los patrones de conducta de la mayoría de los cristianos no se distingue de los patrones de los no creyentes. En breves palabras, el legalismo de gueto le ha dado paso a la sofisticación antinómica. ¿Reacción? Sí. ¿Recuperación del equilibrio? No.

¿Cuál debería ser nuestra esperanza? ¿A qué deberíamos apuntar? El disgusto con la relajación de la moral cristiana probablemente producirá en poco tiempo un nuevo rigor legalista, pero eso sería nuevamente una reacción. ¿Alcanzaremos alguna vez el equilibrio semejante al de Cristo y podremos involucrarnos en el mundo teniendo en cuenta que somos diferentes a él? ¡Al menos, por el momento, trataremos de hacerlo!"
238-240


Que este año podamos entender que ser cristiano no sólo es cuestión de actitudes exteriores, sino de un corazón renovado que tiene también una visión renovada del mundo y del amor de Dios para todos y todas. Busquemos que nuestras acciones tengan un balance bíblico y no de tradiciones. Jesús vino a liberarnos, no a hacernos esclavos.

GB

noviembre 03, 2009

Placer



Saludos,
J. I. Packer sugiere en su libro "Los Planes de Dios para su Vida" y de un capítulo que, en forma algo chistosa Packer llama "La Religión del Jacuzzi", que los cristianos muchas veces tenemos una idea no bíblica, y por tanto pecaminosa del placer. Señala, por ejemplo, que ningún diccionario teológico que él ha consultado tiene la definición de la palabra placer. La falta de este conocimiento ha hecho que veamos a Dios, dice Packer, como "un tirano severo y poco amistoso a quien le duele proporcionarnos placer y exige hacer lo no queremos hacer y no podemos disfrutar. Sin embargo, las Escrituras nos demuestran que lo opuesto es lo cierto."
59

Esto no solo da la impresión de que el cristianismo es aburrido y poco atractivo, también produce actitudes críticas y/o cínicas dentro de la iglesia, que tampoco es una actitud correcta de acuerdo a la Biblia.

Espero que disfruten las siguientes lineas.

"El placer es parte de la condición humana ideal. Antes de pecar, el estado de Adán era puro placer (el Edén placentero de Dios, del cual fue expulsado Adán, tipifica lo anterior). Cuando nuestra redención sea completa, el placer, total y constante se convertirá en nuestro estado para siempre. "Ya no sufrirán hambre ni sed. No los abatirá el sol ni ningún calor abrasador. Porque el Cordero que está en el trono los pastoreará y los guiará a fuentes de agua viva; y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos" (Apocalipsis 7:16-17). Así como Dios nos creó para el placer, así también nos redime para su deleite, tanto nuestro como el suyo...

El placer (goce consciente) no tiene ninguna cualidad moral intrínseca. Lo que hace que los placeres sean correctos, buenos y valiosos o incorrectos, malos y pecaminosos es lo que los acompaña. Miremos la motivación y el resultado de nuestros placeres. ¿Con cuánto esfuerzo los perseguimos? ¿Qué clase de conducta producen? ¿Cuál es nuestra respuesta cuando llegan? Si el placer nos llega sin que lo busquemos, o como resultado de un obsequio providencial, y si el placer no nos causa ningún daño a nosotros o a otros, y si el deleite del mismo despierta nuevas acciones de gracias a Dios, entonces es santo. Pero si la adquisición de nuestro placer es resultado de un capricho, que nos complace sin que nos importe si complace o no a Dios, entonces, aunque la acción sea o no un derroche o algo dañino, hemos sido atrapados por lo que la Biblia considera los placeres de este mundo y del pecado (Lucas 8:14; Hebreos 11:25; comparen con Isaías 58:13; 1 Timoteo 5:6; 2 Timoteo 3:4; Tito 3:3; Santiago 4:3; 5:5; 2 Pedro 2:13). La misma experiencia placentera: comer, beber, hacer el amor, jugar juegos, escuchar música, bañarse en un jacuzzi, o lo que sea, será buena o mala, santa o pecaminosa, según cómo se la maneje."

62-63

En otro lugar dice:

"...la verdad paradójica es que buscar placer, confort y felicidad es garantizar que no lograremos ninguna de estas cosas."
58

Espero que esta semana podamos encontrar el placer que agrada a Dios y al mismo tiempo, disfrutar de esos placeres, sabiendo que nuestro Dios es un Dios bueno.



GB