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agosto 04, 2009

Oraciones egoístas


Desde pequeño me llamaron la atención los versículos con la promesa de que Dios concedería los deseos de nuestro corazón (Sal 37:4; Mt 6:33). Así que me puse a orar por los "deseos de mi corazón". Estos deseos fueron cambiando: de juguetes y relojes a un trabajo bien remunerado y hasta algún auto... para pasar por mis amigos para ir a las actividades de la iglesia. No me daba cuenta que mi intención no era dar gloria a Dios, sino de llenarme de cosas y de medios para alcanzar mis objetivos egoístas. William Barclay toca este tema en el libro que he venido citando The Promise of the Spirit (La Promesa del Espíritu). Disfrútenlo.

"La oración es en el Espíritu Santo. Un hombre se debe edificar en la más santa fe orando en el Espíritu Santo (Jud 20). Una de las cosas más extrañas acerca de la oración es que puede ser una de las actividades más egoístas en el mundo. La oración puede ser usada solamente para usar a Dios para los propósitos personales de cada uno. No oramos apropiadamente hasta que nos hemos abierto al Espíritu Santo, porque sólo bajo su guía podemos saber por qué orar. Cuando aprendemos a orar en el Espíritu, podremos decir verdaderamente, 'Hágace tu voluntad,' y no 'Cámbiese tu voluntad.' Verdaderamente pediremos a Dios lo que Él desea que nosotros hagamos, y no le digamos a Dios lo que nosotros queremos que Él haga."

Después de esto, nos queda hacer una pequeña reflexión acerca de nuestras oraciones y de los deseos de nuestro corazón. ¿Cuál voluntad es nuestra prioridad? ¿La de Dios o la mía? Estoy seguro que nuestro Padre cumple sus promesas. Si creemos que no recibimos respuesta, puede ser un "no", puede ser un "espera" o simplemente que no estamos pidiendo como conviene, por eso tenemos la promesa del Espíritu. Pienso en dos exhortaciones: la primera es que oremos pidiendo conocer la voluntad de Dios; la segunda es que la podamos distinguir de la nuestra y que valoremos más la de nuestro Padre.

GB

julio 21, 2009

Acostumbrados al Pecado



Saludos en esta lluviosa mañana,

Parece que la palabra "pecado" se va perdiendo con el paso del tiempo. La vamos sustituyendo con adjetivos como malo, impropio, fuera de lugar, incorrecto, etc. No es que estos adjetivos no reflejen parte de lo que es el pecado, sino que no nos dejan ver la parte más importante: que es algo que está en contra de la voluntad de Dios. William Barclay en su libro The Promise of the Spirit (La Promesa del Espíritu) describe esta situación de forma clara.

"... La primera vez que un hombre comete un pecado, lo hace con temor en el alma, se molesta consigo mismo, de manera punzante se percata de que lo que está haciendo es incorrecto. Si peca una segunda vez, es un poco más fácil; encuentra menos resistencia para hacerlo. Al final él puede llegar a un estado en el que una acción pecaminosa no lo mueve, y hasta puede llegar al punto de no reconocer que lo que está haciendo es pecaminoso."

...

"El Espíritu Santo es el que capacita a los hombres para que reconozcan la verdad de Dios cuando ellos la ven. Pero si un hombre, deliberadamente cierra el tiempo suficiente sus ojos a la verdad, al final pierde la habilidad de reconocerla cuando la ve, y entonces ha cometido el pecado contra el Espíritu Santo.

¿Por qué es un pecado imperdonable? Si un hombre no puede reconocer lo bueno cuando lo ve, entonces no sabe cuándo está pecando. Si por sus repetidos actos de rechazo a la voluntad de Dios, él ha rechazado este estado, entonces el arrepentimiento se vuelve imposible, porque lo bueno ha perdido su fascinación y lo malo ha perdido su horror. Y si un hombre no puede arrepentirse, él no puede ser perdonado. No es Dios quien le ha cerrado la puerta; el hombre ha cerrado la puerta por su propia cuenta."

Esto me hace reflexionar en las cosas que hago todos los días: mis reacciones al tráfico, a la injusticia, a la pobreza extrema, a la violencia, mi relación con la naturaleza (que es la creación de Dios), el racismo, el trato a mi familia y a las otras personas, etc. ¿Será que me he acostumbrado a vivir en una sociedad individualista, materialista, insensible, etc, que no me doy cuenta qué cosas son pecado? ¿Qué tan acostumbrado estoy a los pecados individuales y de la sociedad en la que vivo? ¿Y tú?

Creo que es tiempo de detenernos un poco de tiempo y reflexionar. Si estamos cometiendo pecado arrepentirnos y pedir perdón. Tenemos la promesa de que si nos arrepentimos genuinamente, nuestro Padre nos perdonará.


Recordemos que la promesa de nuestro Padre descansa en el sacrificio de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

GB


mayo 12, 2009

Hazlo otra Vez


Buena semana, espero que se encuentren muy bien.

La cita de esta semana me hizo pensar y me desafió mucho, porque tengo que admitir que me cuesta mucho trabajo dejar de hacer cosas y con frecuencia me desvelo por "hacer algo".  La invitación que nos hace William Barclay en su libro The Promise of the Spirit (La Promesa del Espíritu) es a esperar en el Señor.  Por los otros trabajos de Barclay, es evidente que no está en contra de la organización y el trabajo en las iglesias, sino que éstos se vuelvan la prioridad número uno.  Ojalá lo disfruten.

"La respuesta es una respuesta que nuestra generación no acepta fácilmente.  W. B. Yates, dice en su autobiografía: '¿Puede una persona alcanzar a Dios con trabajo?  Él se da a sí mismo a los de corazón puro.  Él no pide otra cosa, sólo atención.'  Él no pide otra cosa, sólo atención...   Vivimos en una época en la que existe una fe patética en la administración, eficiencia, métodos nuevos y mejores, más y más esfuerzo, y un ritmo cada vez más rápido.  Pero la verdad es que nunca puede haber alguna actividad eficiente, sin antes una sabia pasividad detrás de ella.  Lionel Johnson, académico y poeta, le dijo una vez a Yates:  'Yates, necesitas diez años en la biblioteca, pero yo  necesito diez años en un lugar
solitario.'  Para una época que cree en actividad incesante, la espera en silencio es un remedio desazonado.  Para una persona que está ocupado cada minuto de su vida despierta, y que hasta le roba tiempo a su sueño para trabajar, es probable que necesite una reorganización completa de su vida si quiere encontrar tiempo para esta silenciosa espera en el Espíritu.  En la vida de una iglesia que la iglesia está demasiado organizada y el la que la actividad extenuante es la característica, en la que la actividad está valorada por sobre todas las cosas, es difícil encontrar el tiempo para hacer esa nada, que significa todo.  Bien podríamos recordar el relato simbólico del profeta del hombre al que le fue dado un prisionero para cuidar y que permitió que escapara, y que cuando le piden que explique la situación, se excusó diciendo: 'Mientras este servidor de Su Majestad estaba ocupado en otras cosas, el hombre se escapó.' (1Re 20:40).  Bien pudiera ser que nosotros estamos tan ocupados aquí y allá que el más grande de todos los poderes se escapa de nuestras vidas. 'Los que esperan a Jehová' dice Isaías, 'tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.' (Isa 40:31).  Sin la espera, el poder nunca llegará. 
 

En su libro, Living in Depth, el Dr. James Reid, tiene un sermón sobre Pentecostés.  Concluye con estas palabras: 'Un negro salvacionista fue encontrado de rodillas en un reclinatorio de una iglesia conmemorando la conversión del General Booth. "Oh Señor, hazlo de nuevo," él oraba una y otra vez.  Al leer la historia de Pentecostés y pensamos en el mundo de hoy y la importancia de la iglesia, la misma oración viene a nuestros labios, "Oh Señor, hazlo otra vez".'  Dios lo hará por ambas cosas otra vez, por nosotros y por la Iglesia, si recordamos que Él pide solo nuestra atención, y aprendemos a esperar intensamente en Él. 

Espero que tengamos la disposición para tomar el tiempo para esperar silenciosamente.  Que también podamos pedirle a nuestro Padre que lo haga otra vez... y esperemos.

GB