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enero 26, 2011

Misericordia Quiero


Saludos veraniegos desde el sur,

el pensamiento para esta semana es del libro más reciente de Tim Keller, el pastor de una de las iglesias más vibrantes de la Ciudad de Nueva York: Redeemer Presbyterian. El libro se titula Generous Justice (Justicia Generosa). En este libro, Keller señala uno de los problemas más grandes que enfrentan las iglesias contemporáneas: la idea de que se puede separar la justicia de la misericordia.

Keller introduce su argumento haciendo un estudio de las palabras hebreas de las que provienen los términos que ahora usamos (justicia y misericordia) y muestra que no son dos conceptos diferentes. Keller se apoya en las definiciones de Bruce Waltke y dice que mientras "mishpat [justicia] enfatiza la acción, chesedh [misericordia] enfatiza la actitud (o motivación) detrás de la acción." Si existen acciones correctas, pero los motivos no son los correctos, se cae en una postura muy similar a la de los fariseos. Mientras que los motivos correctos, solo se pueden plasmar en acciones, o como dijera Santiago, la fe sin obras está muerta.

Es un pensamiento que, personalmente encuentro bastante desafiante y hasta provocador ya que nos muestra que en muchos casos nos hemos quedado muy cortos de lo que Dios espera de nosotros. En esta sección Keller apunta a algo que es muy importante: la moral individual no se puede despegar de la justicia social. Quiero aclarar en este punto, que mi intención no es promover ninguna ideología política ni partidista, sino señalar una enseñanza bíblica que ha sido obviada por mucho tiempo. Espero que lo disfruten.

"En los evangelios de Mateo y Lucas, Jesús pronuncia un discurso famoso, que generalmente es llamado el Sermón del Monte o el Sermón de la Montaña. Durante siglos, los lectores han reconocido le belleza de sus altas normas éticas. Lo que no se nota con frecuencia es cómo Jesús entreteje en un lienzo entero lo que hoy llamaríamos moralidad privada y justicia social. Junto con las bien conocidas leyes contra lujurias sexuales en el corazón, adulterio, y divorcio existen llamados para dar a los pobres (Mt 6:1-4) y de abstenerse de trabajar demasiado y el materialismo (Mt 6:19-24).

En la sociedad occidental este tipo de preocupaciones frecuentemente se han separado una de otra... Las iglesias conservadoras tienden a concentrarse en ciertos tipos de pecados, mientras que las liberales se concentran en los otros. Jesús, como los profetas del Antiguo Testamento, no ve dos tipos de categorías morales. En Amos 2:7, leemos, 'Pisotean la cabeza de los desvalidos; padre e hijo se acuestan con la misma mujer.' El profeta condena la injusticia social y el libertinaje sexual al mismo tiempo (cf. Isa 5:8ss)... La perspectiva bíblica ve que la inmoralidad sexual y el egoísmo material fluyen de centrarse en uno mismo en lugar de centrarse en Dios.

Raymond Flung, un evangelista en Hong Kong, cuenta cómo el estaba hablando con un trabajador textil acerca la fe cristiana, y lo invitó para que visitara la iglesia. El hombre no podía ir al servicio del domingo sin perder su salario ese día, pero asistió. Después del servicio Fung y el hombre fueron a almorzar juntos. El trabajador dijo, 'Bueno, el sermón me impactó.' Había sido acerca del pecado. 'Lo que el predicador dijo era cierto en mi vida - pereza, temperamento violento, adicción a entretenimiento de poca calidad.' Fung contuvo el aliento, tratando de controlar su emoción. ¿Habría el mensaje del evangelio logrado su objetivo? Pero pronto se desepcionó. 'No se dijo nada acerca de mi jefe' dijo el hombre a Fung. La lista de pecados que hizo el predicador, 'no dijo nada acerca de cómo él emplea niños, cómo él no respeta los días de descanso oficiales, cómo él coloca etiquetas falsas, cómo nos obliga a trabajar tiempo extra...' Fung sabía que había miembros de la clase empresarial en la congregación, pero esos pecados nunca eran mencionados. El trabajador textil estaba de acuerdo con que él era un pecador, pero rechazaba el mensaje de la iglesia porque él notaba que estaba incompleto. Harvie Conn, quien relató esta historia en uno de sus libro, agregó que la predicación del evangelio que se enfoca en algunos pecados pero no en los pecados de opresión 'no puede funcionar para la mayoría de las personas en el mundo, pobres, campesinos y obreros.'"
(54-56)



La mayoría de nosotros hemos enfatizado uno u otro aspecto del evangelio. Muchas veces porque es incómodo o porque nos puede hacer perder nuestra popularidad y/o amistades. Otras veces nos puede hacer perder grandes oportunidades de hacer buenos y jugosos negocios. Sin embargo el mensaje de Jesús y de los profetas nos enseñan que esto es importante para Dios. Los huérfanos, las viudas, los pobres y los extranjeros (es decir inmigrantes) son, con frecuencia señalados como los grupos a los que la iglesia les debe especial cuidado y atención. El no hacerlo es ir en contra de las instrucciones que Jesús dejó. Este hecho hace que su omisión sea pecado.

Espero que podamos ver y tratar a nuestros semejantes, en especial aquellos que pertenecen a grupos vulnerables, con amor y justicia. Que podamos entender todas las dimensiones de amor y misericordia que debemos a los demás.

Guillermo Bernáldez

enero 18, 2011

Un Padre Amoroso



Saludos,

Un día invité a un amigo a un estudio bíblico. Cuando salimos me dijo, casi nadie había hablado con José, y me preguntó el por qué. La pregunta era incómoda porque la respuesta era difícil: José no era popular en el grupo. Le costaba hablar y cuando lo hacía tendía a interrumpir las conversaciones con comentarios que hubieran sido apropiados 10 minutos antes, no en ese momento. Lo peor, era que entre más trataba, la gente lo aislaba más. Sin esperar mi respuesta me dijo: "¿No se supone que ustedes aceptan a todos?" Tenía razón.

Con frecuencia nos comparamos con la gente que ha cometido crímenes, pecados más visibles o errores en su vida y nos sentimos mejores que ellos; superiores. Hay otros, como José, que simplemente no son populares, aunque no hayan hecho nada malo. Aunque no lo digamos, pensamos que no somos tan malos, al menos no como ellos. Así que los evitamos para no "contaminarnos", o perder nuestra reputación. Se nos olvida que si bien no hemos llegado a los extremos que algunas otras personas han llegado, hemos cometido los mismos pecados. Recordemos que Jesús dijo que si codiciamos a una mujer, ya hemos adulterado con ella en nuestro corazón. Lo mismo pasa cuando deseamos mal a alguien, aunque no lo hagamos. Se nos olvida que también somos pecadores y por lo tanto también merecíamos el juicio.

La historia de José fue un evento aislado, pero desgraciadamente no es el único. Es algo que se repite con frecuencia en la iglesia, que es el cuerpo de Cristo y del cual todos y todas formamos parte. Anne Lamott nos cuenta la historia de alguien que lo sabía y lo practicaba; de su libro Traveling Mercies (Misericordia durante el Viaje), que es una autobiografía bastante interesante. Anne se encuentra en la playa con su hijo de ocho años y ven a un señor que golpea a su perro de manera muy cruel. Ella no sabe cómo explicar eso a su hijo. Es ahí donde ella se acuerda de esta historia. Que la disfruten.

"... Estaba de regreso en la iglesia la semana anterior y uno de los miembros estaba de pié en el púlpito explicándonos como ella había adoptado a su pequeño hijo. Ella y su esposo lo habían encontrado a través de una agencia llamada ASK, que significa Adopte Niños Especiales [por sus siglas en inglés]. Primero ellos tuvieron que llenar un cuestionario, con preguntas como '¿Adoptarían a un bebé con adicciones? ¿Un bebé con una enfermedad terminal? ¿Con un retraso mental moderado? ¿Con tendencias violentas hacia otros?' Ella llenó la lista, y entonces lloró. Verónica se paró junto a ella. 'Dios también es un Padre adoptivo', dijo. 'Y nos escogió a todos nosotros. Dios dice, 'Seguro, Yo acepto a todos los chicos que tienen adicciones, o enfermedades terminales. Yo escojo a todos los niños retardados, y hasta los sádicos. Los egoístas, los mentirosos...' '.

... El misterio del amor de Dios, como yo lo entiendo es que Dios ama al hombre que era malo con su perro de la misma manera en que ama a los bebés; Dios ama a Susan Smith, quien ahogó a sus dos hijos, tanto como ama a Desmond Tutu. Y la amó tanto mientras ella quitaba el freno de mano del auto que envió a los dos pequeños al río tanto como el momento en que ella los amamantó por primera vez. Así que Él me ama a mi, vieja y ordinaria, aun o especialmente cuando estoy más asustada y quisquillosa y mala y obsesiva. Él me ama; el me escoge."
(254-255)

Ese es el misterio y lo incómodo de la gracia. Estamos acostumbrados a decir que somos salvos por gracia y que debemos extender esa gracia a los demás. Pero nos cuesta pensar que Dios ame a todos sus hijos y sus hijas a pesar de lo que han hecho o hagan. Pero eso es precisamente lo bello de la gracia, no tenemos que ganarnos el amor de Dios, porque Él ya nos ama. No hay nada que podamos hacer para que Dios nos ame más, y tampoco podemos hacer algo tan terrible por lo que nos ame menos. Y por eso le damos gloria y honra. Por eso lo amamos, porque Él nos amó primero.


Nuestro Padre nos adoptó como éramos: adictos, enfermos terminales, discapacitados, egoístas, envidiosos, etc. No éramos nada atractivos para Él, y aún así nos amó. Y no hablo en términos meramente físicos, sino espirituales. A pesar de que nuestra vida haya sido ética y moral, esto no nos hace mejores ante Dios. Por eso oremos para poder amar a todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo. No somos mejores o peores que otros hermanos y hermanas... ¡somos el cuerpo de Cristo y tenemos un Padre que nos ama incondicionalmente!

Guillermo Bernáldez

enero 12, 2011

Esperanza


Saludos y buen año,

Durante la época navideña me llené de actividades y dejé de escribir antes de lo que pensaba y la semana pasada nació nuestro segundo bebé, así que ni tiempo de acercarme a la computadora. Gracias por su comprensión. Pero este año seguiré, si Dios quiere, con el Pensamiento para la Semana como hasta ahora.

El pensamiento de esta semana es del libro más reciente de Miroslav Volf, Against the Tide (Contra la Corriente), que en realidad es una recopilación de varios ensayos que publicó en la revistaThe Christian Century (El Siglo Cristiano) entre 1996 y 2008. Volf es profesor de Teología Sistemática en Yale y me he sentido muy atraído por su énfasis en perdón, reconciliación y justicia entre los seres humanos, basado en la obra de Jesús quien trae perdón, reconcilia y hace justicia.

La cita de hoy es un fragmento de su ensayo Not Optimistic (No Optimista) y en el que argumenta que si bien podemos ser optimistas, es la esperanza la que nos fundamenta como hijos e hijas de nuestro Padre celestial. Es un poco abstracta - recuerda que es un teólogo sistemático :o) - pero creo que vale la pena recordar por qué podemos tener esperanza. Que lo disfruten.

"Las dos [palabras] se pueden confundir fácilmente. Ambas, optimismo y esperanza, suponen expectativas positivas con respecto al futuro. Pero, como Moltmann ha argumentado convincentemente, ellas son posturas radicalmente distintas en su relación a la realidad. El optimismo se basa en 'el pensamiento extrapolativo de causa y efecto'. Hacemos conclusiones del futuro basándonos en experiencias pasadas y presentes, guiados por la creencia de que los eventos pueden ser explicados como efectos resultado de causas previas. Ya que 'esto' ha sucedido, podemos concluir que 'aquello' es un resultado posible.

El optimismo está fundamentado, si la extrapolación es correcta. Ya que mi hijo Nathanael pudo leer un libro infantil cuando estaba en el jardín de niños, puedo ser legítimamente optimista que el puede desempeñarse razonablemente bien cuando entre a primer grado. Si la extrapolación es incorrecta, mi optimismo está mal fundado, es ilusorio. Aarón, mi hijo de dos años, es muy bueno para lanzar la pelota. Pero sería ingenuo pensar que que yo creyera que él va a firmar un contrato multi-millonario con algún equipo profesional y que se encargue de mi jubilación.

La mayoría de nuestras expectativas positivas del futuro están basadas en este tipo de extrapolaciones. Vemos el brillo anaranjado en el horizonte, y esperamos que el día esté bañado de sol. Este tipo de optimismo informado es importante para nuestra vida personal y profesional, para el funcionamiento de las familias, la economía y la política. Pero el optimismo no es esperanza.

Una de las contribuciones más perdurables de Moltmann en su libro La Teología de la Esperanza fue su insistencia en que la esperanza, a diferencia del optimismo, es independiente de las circunstancias de las personas. La esperanza no está basada en las probabilidades de la situación y de una extrapolación correcta del futuro. La esperanza está basada en la fidelidad de Dios y por lo tanto en la efectividad de la promesa de Dios. Y esto me lleva de regreso al Adviento.

Moltmann distingue entre dos formas en las que el futuro se relaciona con nosotros. La palabra latina futurum lo expresa de una manera. 'Futuro en el sentido de futurum se desarrolla desde el pasado y el presente, de tal manera que estos contienen en sí mismos la potencialidad de llegar a ser y están 'preñados con futuro.'' La palabra latina adventus expresa la otra forma en que el futuro se relaciona con nosotros. El futuro en el sentido de adventus es el futuro que viene no de la esfera de lo que es o lo que fue, sino de la esfera de lo que todavía no es, 'desde afuera,' de Dios.

El optimismo se basa en las posibilidades de cómo han llegado a ser las cosas; la esperanza está basada en las posibilidades de Dios sin importar cuáles sean las circunstancias actuales. La esperanza nace aun en el valle de sombra de muerte; de hecho es ahí donde se manifiesta verdaderamente. La figura de la esperanza en el Nuevo Testamento es Abraham, que esperó en contra de toda esperanza porque él creyó en el Dios que 'da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran' (Rom 4:17-18). La esperanza florece aun en situaciones que,..., pueden ser absolutamente desesperanzadoras. ¿Por qué? Porque la esperanza está basada en la llegada de Dios a la oscuridad para disiparla con su luz divina.

Cada año en la época de adviento leemos que el profeta Isaías dijo: 'El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido' (Isa 9:2). De eso se trata la Navidad - algo radicalmente nuevo que no puede ser generado de las condiciones de este mundo. No emerge. Viene. No se extrapola. Dios la promete. Si la oscuridad ha descendido sobre ti y sobre tu mundo. No necesitas tratar de convencerte de que las cosas no son tan malas como parecen, ni tratar de tratar de buscar razones para estar optimista. Recuerda este simple hecho: la luz de Aquél que estuvo en el principio con Dios brilla en la oscuridad, y la oscuridad no prevaleció más..."
(45-46)


Que a pesar de que a veces perdamos el optimismo, nunca dejemos de tener esperanza porque sabemos que Dios es siempre fiel. Que las circunstancias adversas y dolorosas puedan ser un campo fértil para que la esperanza florezca.

Guillermo Bernáldez

En memoria de mi querida prima Ana Débora, quien vivió con esperanza hasta el último momento.