
Con mucha frecuencia hablamos de que Dios es amor, que es todopoderoso, soberano, justo, etc. También decimos que Dios es santo. El uso frecuente de estas palabras puede causar que su significado pierda fuerza. Por esta razón, me parece que las palabras de Albert Edward Day, en su libro The Captivating Presence (La presencia cautivadora) son muy elocuentes. Espero que lo disfruten.


Algunas veces los mejores de nosotros tenemos días en los que nuestros mejores amigos deben decir, 'No eres tú mismo el día de hoy.' Ese hecho les provoca dificultad y les impide obtener lo que ellos deberían haber recibido de nosotros. PERO DIOS SIEMPRE ES DIOS."
La santidad de Dios permea todo lo que Dios es y hace. Es interesante notar que de entre todos sus atributos, su santidad es la única que es triplemente resaltada (Ap 4:8). Esto nos hace ver lo importante que es para él que lo sepamos y que actuemos en consecuencia.
Dios quiere que seamos santos. Echemos una mirada a Levítico:
1. Yo soy el SEÑOR, que los sacó de la tierra de Egipto,
para ser su Dios. Sean, pues, santos, porque yo soy santo. (Lv 11:45)
2. El SEÑOR le ordenó a Moisés que hablara con toda la asamblea
de los israelitas y les dijera: «Sean*santos, porque yo, el SEÑOR su Dios, soy
santo. (Lv 19:1-2)
3. Conságrense a mí, y sean santos, porque yo soy el SEÑOR
su Dios. (Lv 20:7)
4. Sean ustedes santos, porque yo, el SEÑOR, soy santo, y
los he distinguido entre las demás naciones, para que sean míos.
(Lv 20:26)

También lo encontramos en el Nuevo Testamento: “Busquen la paz con todos, y la*santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” (Hb 12:14). Debemos, por lo tanto, esforzarnos por hacerlo; al mismo tiempo reconocer que es Jesús quien nos da la santidad por su sacrificio en la cruz.
Esperando que podamos comprender la obra santificadora de Dios en nuestras vidas.
Guillermo Bernáldez Flores