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agosto 18, 2011

Retirándonos



Saludos, Hace un par de meses, cuando estábamos en el proceso de mudarnos, comencé a considerar el futuro de manera más seria. Había terminado mis estudios en el seminario y el paso - en cierta manera lógico y esperado - era enfilarme al pastorado. Pasé algunos días en silencio mientras limpiaba el departamento en el que habíamos vivido. Una tarde me pregunté si estaba listo para dar ese paso. Consideré los estudios a los que me había dedicado los últimos diez años y supe que académicamente estaba listo. Pero después me pregunté si espiritualmente estaba listo y esa pregunta, literalmente me quitó el sueño por dos noches consecutivas. Temo a Dios y la idea de estar frente a un grupo de personas sin la aprobación y autoridad divinas me abrumaron. No era que mi vida fuera inmoral, sino que en las actividades de la vida diaria, había minimizado mi tiempo a solas y en silencio con el Padre.

La cita de hoy es de un libro llamado Beyond the Quiet Time (Más allá del Devocional) de Alister McGrath. Trata de este tema tan común que sé no se limita sólo a mi experiencia. La vida de muchos de nosotros - especialmente en las ciudades - se ha llenado de actividades y nuestras agendas necesitan espacio para agregar actividades y nuestros días necesitan más horas para poder llevarlas a cabo. Algunas veces nos sentimos menos culpables porque algunas o muchas de estas actividades están dedicadas a algún ministerio en la iglesia. Algunas veces ocurre que después de estas actividades nos sentimos agotados, frustrados y solitarios. Y es que la lucha que libramos no es únicamente física sino espiritual (Ef 6:12). Pero no queremos detenernos porque también pensamos que es nuestra obligación y hasta podemos llegar a pensar que somos indispensables; que si no lo hacemos nosotros, nadie más lo hará, ya sea por falta de capacidad o de voluntad. Por eso, la sugerencia para esta semana es: ¡detente! Espera en Él... y Él hará. Que lo disfruten, con calma.

"Existe un peligro real en el hecho de que los evangélicos estén tan ocupados haciendo cosas para Dios al punto de que ¡lo expulsen por tanta actividad! Nuestro deseo de hacer cosas para Dios puede obstaculizar el deseo de Dios de hacer algo por nosotros. Para estar activos en el mundo debemos ser receptivos hacia Dios y eso significa hacer espacio para escuchar a Dios, leer la Biblia, y venir delante de Él, esperando recibir su guía, ánimo y sustento. El precio que se paga por el activismo evangélico no es otra cosa que quedar exhausto. El síndrome de 'me-siento-culpable-de-no-estar-ocupado' es un síntoma seguro de alguien que está en el camino a quedar exhausto y la inutilidad.

No existe un secreto de cómo se puede evitar esto, pero sin duda debe ser evitado. Necesitamos crear espacio para Dios en nuestras vidas, y eso quiere decir disciplina - la habilidad y deseo de dedicar parte de cada día a Dios, y no permitir que nada interfiera. Pasar tiempo de calidad con Dios es la pre-condición para un servicio cristiano efectivo y sustentable en el mundo. De hecho somos llamados a ser 'la sal de la tierra' (Mt 5:13); pero esa sal puede perder su salinidad, y ¿para qué sirve entonces? Somos llamados a ser 'la luz del mundo' (Mt 5:14) - pero ¿de qué sirve si las baterías que dan poder a la luz se gastan, de tal manera que la luz se desvanece y con el tiempo se apaga? Necesitamos renovar nuestra fe, sin embargo eso es algo que, estrictamente hablando, sólo Dios puede hacer. Y eso quiere decir permitir a Dios la apertura para que nos refresque y nos renueve con su gracia y amor. Significa permitir esas oportunidades en las que Él pueda irrumpir en nuestras consciencias y hacer que su presencia se sienta en nuestras vidas.

El ejemplo de la iglesia en Laodicea debe hacerse notar aquí (Ap. 3:14-22). La iglesia era complaciente y tibia; necesitaba ser renovada. Y Cristo resucitado se encontraba llamando a la puerta, pidiendo ser admitido para poder renovarla (Ap. 3:20). Algunos cristianos tienden a estar tan ocupados que no pueden escuchar esa llamada. Con ahínco ellos se mantienen apasionadamente activos para Cristo, sin percatarse que ese mismo Cristo al que tratan de servir está también con pasión tratando de refrescarlos y renovarlos.

Una posibilidad es retirarse, sin embargo muchos cristianos reaccionan con alarma a esta sugerencia. ¡Nuestro objetivo es servir a Dios en este mundo! Por lo tanto, sugerir que nos 'retiremos' del mundo, dicen ellos, es ridículo. Ciertamente hay mucha sabiduría en esa reacción; el evangelicalismo ha sido profundamente influenciado por la espiritualidad de la Reforma. Durante el siglo XVI, el centro de la vida cristiana se movió definitivamente de los monasterios a las plazas públicas. Reformadores como Juan Calvino desarrollaron espiritualidades que afirmaban al mundo que motivaban y capacitaban a los cristianos a servir a Dios diariamente en la vida cotidiana en el mundo.

Aún así, servir a Dios en el mundo es agotador y con frecuencia desmoralizador. Los cristianos necesitamos ser refrescados, para poder reconstituir la perspectiva para nuestras vidas. Para poder ser útiles a Dios en este mundo, es necesario retirarse de este mundo, y buscar ser refrescado..."
(11-12)

Ya que la palabra espiritualidad puede ser mal interpretada, la definición que McGrath da es la siguiente: "La espiritualidad cristiana se enfoca en profundizar la vida de fe en relación con Jesús el Cristo, reconociendo en Él la plenitud de vida que Dios desea que su pueblo posea... la espiritualidad es el proceso de renovación y re-nacimiento."

La Biblia nos muestra que las cosas no dependen de nosotros. Ni aún nosotros dependemos totalmente de nosotros mismos. Somos las ramas que dependen de la Vid verdadera (Jn 15:1-2); somos el barro en las manos del alfarero (Is 45:9, 64:8; Jer 18:6; Ro 9:19-21). Si bien es cierto que somos responsables ante Dios de ser sal y luz en este mundo, no debemos pensar que lo podemos lograr con nuestra fuerza y voluntad. Nuestra fuerza, discernimiento, paz, visión y llamado vienen de Él. Dios disfruta cuando sus hijos e hijas pasan tiempo con Él. Para hacerlo es necesario dejar de hacer otras cosas y dedicarle nuestra atención únicamente a Él.


Mi oración es que podamos aprender a dejar de hacer cosas, aunque parezcan importantes e impostergables y dediquemos ese tiempo a nuestro Padre.

Guillermo Bernáldez.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por leer y comentar. Espero que las selecciones que haga en el futuro sean útiles para el crecimiento en Cristo. Un abrazo Memo (Guillermo Bernáldez)

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