
El pensamiento de hoy fue escrito por Eugene Peterson en su libro "A Long Obedience in the Same Direction" (Una obediencia larga en la misma dirección) que se centra en los salmos de ascenso (120-134). Estos son los salmos que el pueblo de Dios cantaba cuando peregrinaba a Jerusalén para celebrar las diferentes fiestas prescritas por la ley. Con ellos, los judíos recordaban su peregrinar desde Egipto hasta la Tierra Prometida, en donde la presencia de Dios fue evidente.

Lo que es peligroso en mi vida es mi trabajo como
cristiano. Cada día coloco mi fe en la
linea de fuego. Nunca he visto a
Dios. En un mundo donde casi todo puede
ser pesado, explicado, cuantificado, sujeto a análisis sicológico y control científico,
yo continúo haciendo de Dios el centro de mi vida, aunque nadie lo ha visto,
nadie lo ha escuchado y cuya voluntad no puede ser sondeada. Ése es un riesgo.
Cada día pongo la esperanza en la línea de fuego. No conozco ni una cosa acerca del futuro. Desconozco lo que sucederá en la próxima
hora. Puede que traiga enfermedad, un
accidente, una catástrofe personal o mundial.
Antes que termine el día, quizá tenga que lidiar con la muerte, dolor,
pérdida, rechazo. Desconozco lo que el
futuro me depara, lo que les depara a mis amados, a mi nación, al mundo. Aún así, a pesar de mi ignorancia y rodeado
de pequeños optimistas y pesimistas cobardes, afirmo que Dios llevará a cabo su
propósito, alegremente continúo viviendo con la esperanza de que nada me
separará del amor de Dios.

Todo esto es un trabajo peligroso; todo el tiempo vivo al
borde de la derrota…


(pp 76-77)
Los peligros a los que estamos expuestas las personas que vivimos en occidente tienen que ver más con la falta de fe, esperanza y caridad. El materialismo y el escepticismo presentan nuestros más grandes obstáculos. En medio de estas circunstancias, nuestro llamado es seguir adelante, dando testimonio de quién es nuestro Dios.

Debemos estar seguros que Dios sigue siendo nuestra ayuda, nuestro sostén. Podemos confiar en Él, También podemos estar seguros de que, al terminar nuestro camino, podremos volver nuestra vista atrás y decir, "Si el Señor no hubiera estado con nosotros..." (Sal 124:1), y cada uno podrá ver cómo la presencia y el cuidado de nuestro Padre fue continuo y cumplió su propósito. Cuando nos demos cuenta de esto, también podremos exclamar, "¡Alabado sea el Señor" (Sal 124:6a). ¡Alabado sea su nombre!
Confiando en la ayuda de nuestro Padre,
Guillermo Bernáldez Flores