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mayo 24, 2016

Llevar más fruto tiene un precio

     Saludos a todos y todas,

     El pensamiento de esta semana apunta a varios objetivos. Pensé en hacerlo en dos partes, pero creo que separado pierde la fuerza que el texto tiene, así que lo dejé todo en un mismo paquete. Es en un artículo de D. J. Innes de la vida y obra de un pastor y teólogo poco conocido, pero que, sin duda, las personas que lo conocieron, fueron impactadas por su vida y ministerio. Su nombre es Thomas Boston, nació en 1676 y trabajó, parte de su vida, en Ettrick, Escocia.

     Espero que lo disfruten y ayude a entender el dolor.

     "Jesús dijo: 'toda rama que (en mí) da fruto la poda para que dé más fruto todavía.' ¿Estamos... dispuestos a todo para Dios? Entonces no debemos sorprendernos cuando el afilado cuchillo podador del Hortelano celestial nos corte - y nos deje sangrando y mistificados. Sus caminos no son nuestros caminos; de hecho, sus caminos son muy extraños.

     La suma de las aflicciones de Boston puede resumirse en pocas palabras, pero no minimices sus implicaciones - la desolación, angustia, dolor y pena, que conllevan. Perdió a sus padres comparativamente a una temprana edad... tuvo la triste experiencia de enterrar a seis de sus propios hijos... Él mismo estaba enfermo con frecuencia, sufriendo físicamente mucho dolor y debilidad. Y, como si esto no fuera suficiente..., su esposa, a quien amaba profundamente, comenzó a mostrar indiscutibles síntomas de locura... A la larga, su sufrida amada fue confinada a una habitación, ..., y allí pasó meses, años, sujeta de un mal mental que nadie podía mitigar...


     ... En un momento de gran sufrimiento físico, dice: 'Mi corazón fue hecho por gracia para decir: Bienvenido, bienvenido; y besar el cetro, por amor de Aquél que sufrió y murió en la cruz por mí; y hasta fui hecho para llorar de gozo por su amor al morir por mí.'"

     Si bien este artículo señala los aspectos dolorosos de la vida de Thomas Boston, es necesario decir que la vida de los seguidores de Jesús - como todos - experimentamos momentos de dolor profundo, también experimentamos momentos de exuberante alegría.  Sería erróneo acentuar sólo uno y no mencionar el otro.  En todo, podemos estar seguros que Dios es quien permite ambos para el bien de quienes lo amamos y para su propia gloria.  El dolor que experimentan los cristianos no es necesariamente un resultado del pecado de esa persona.  Eso debe quedar muy claro. 

     Además, algunas de las preguntas obligadas son, ¿estoy llevando fruto? ¿He sido podado sin sentir dolor alguno?  ¿Me sentiría traicionado por Dios, o sería capaz de amarlo si atravieso circunstancias difíciles?  Todas son preguntas difíciles, y pido a Dios nos dé fortaleza en momentos de prueba y dolor. 

     Podemos vivir confiados porque confiamos que todas las cosas están en manos de Dios y no nos dejará ser probados más allá de lo que podamos resistir.


     Orando porque nuestro servicio al Padre sea permanente a pesar de las circunstancias.

Guillermo Bernáldez Flores

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