Visitas

free counters

julio 26, 2011

Imago Dei


Saludos, hace unas semanas un amigo me dijo que parecía que mi autor favorito es Dietrich Bonhoeffer porque es uno de los más citados, si no es que el más citado. Creo que no es mi favorito, pero si uno de mis favoritos. Su vida y sus convicciones que lo llevaron a la muerte en la Alemania Nazi - aun cuando tuvo la posibilidad de escapar - es algo que no puedo pasar por alto tan fácilmente. Si le agregamos su amor por Dios, por su Palabra, por su Iglesia y la profundidad de sus escritos, hacen de Bonhoeffer alguien de quien quiero aprender.

La cita de hoy es de su libro The Cost of Discipleship (El costo del discipulado). El costo fue, para Bonhoeffer, su propia vida por ser parte de la Iglesia Confesante y por oponerse al gobierno de Hitler. Es decir, sus palabras no son solo palabras, sino que son coherentes con sus acciones.

Esta sección trata de la imagen que Dios creó en el ser humano: su propia imagen. Como es bien sabido, con la caída esta imagen se perdió - no en su totalidad, pero se perdió - o si se prefiere, se corrompió. A lo largo de la historia, hemos tratado de recuperarla y a veces olvidamos que no está en nosotros esta capacidad, sino en el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesús. Puede que sea algo complejo así que sugiero que noten que
Bonhoeffer hace una distinción entre dios y Dios. Que lo disfruten.

"En el principio del mundo, Dios creó a Adán a su propia imagen, como el climax de su creación. Él quería tener el gozo de ver su propio reflejo en Adán. 'Dios miró... y consideró que era muy bueno.' Dios se vio a sí mismo en Adán. Aquí, desde el principio, está la misteriosa paradoja del hombre. El hombre es una criatura, y está destinado a llevar la imagen de Dios no-creado. Adán es 'como Dios.' Su destino es llevar este misterio con gratitud y obediencia a su Hacedor. Pero la serpiente falsa persuadió a Adán de que él debía llegar a ser como Dios: él debe alcanzar esa semejanza decidiendo y actuando por sí mismo. A través de su decisión, Adán rechazó la gracia de Dios, eligiendo su propia acción. Adán quería descifrar por sí mismo el misterio de ser él mismo, hacer él mismo lo que Dios ya había hecho con él. Esa fue la caída del hombre. Adán llegó a ser 'como Dios' a su manera. Pero ahora que él se había hecho a sí mismo dios, ya no tenía Dios. Él gobernaba solitariamente como un dios-creador en un mundo sometido que había olvidado a Dios.

Pero el acertijo de la naturaleza humana seguía sin resolver. Con la pérdida de su naturaleza de semejanza a Dios que Dios le había dado, el hombre había perdido el destino de su ser, que era ser como Dios. En pocas palabras, el hombre había dejado de ser hombre. Él debía vivir sin la habilidad de vivir. Aquí yace la paradoja de la naturaleza humana y la fuente de toda su aflicción. Desde ese día, los hijos de Adán, en su orgullo han tratado de recuperar esa imagen con sus propios medios. Entre más serios y devotos son sus intentos de recuperar la imagen perdida y entre más orgulloso y convincente sea el resultado aparente, mayor es su contradicción a Dios. Su forma deformada, siguiendo el modelo del dios que ellos han inventado para ellos mismos, crece más y más como la imagen de Satán, aunque ellos no se den cuenta de ello. La imagen divina, que Dios en su gracia le había dado al ser humano, se ha perdido para siempre en esta tierra.

Pero Dios no se olvida de su criatura perdida. Él planea re-crear su imagen en el hombre, recuperar su primer deleite en su obra. Dios está buscando su propia imagen dentro del hombre para que pueda amarlo. Pero sólo hay una forma de alcanzar este propósito y éste es que Dios, únicamente por misericordia asuma la imagen y la forma del hombre caído. Ya que el hombre no puede ser como la imagen de Dios, Dios debe volverse la imagen del hombre. La restauración de la imagen divina no es parcial, sino de la totalidad de la naturaleza humana. No basta con que el hombre recupere las ideas correctas de Dios, o que obedezca su voluntad en acciones aisladas de su vida. No, el hombre debe ser re-moldeado como un todo viviente a la imagen de Dios. Todo él, cuerpo, alma y espíritu, deben portar esa imagen en la tierra. Ese es el propósito y destino de Dios para el hombre. Su deleite sólo puede descansar en su imagen perfecta.

...

Ya que el hombre no puede re-descubrir y asimilar la forma de Dios, la única forma es que Dios tome la forma de hombre y venga a él. El Hijo de Dios que habitaba en la forma de Dios el Padre, deja esa forma y viene al hombre en forma de esclavo (Fil 2:5 ss). El cambio de forma que no podía suceder en el hombre, ahora sucede en Dios. La imagen divina que ha existido desde la eternidad con Dios, asume la imagen del hombre caído y pecaminoso. Dios envía a su Hijo en la semejanza de la carne pecaminosa (Rom 8:2 ss).

Dios envía a su Hijo - aquí yace el único remedio. No es suficiente dar al hombre una nueva filosofía o una mejor religión. Un Hombre viene a los hombres... En las enseñanzas de Jesús y las acciones de Cristo, en su vida y muerte, se revela la imagen de Dios. En Él la imagen divina ha sido re-creada en la tierra."
(298-300)

¡Con cuánta frecuencia olvidamos que no somos capaces de reconciliarnos con nuestro Padre sino únicamente a través de su Hijo! Lo complicado no es recordar esta frase, sino encarnarla en nuestras vidas. El poder vivir continuamente conscientes de nuestra incapacidad y de nuestra dependencia en Dios. No es por nuestro esfuerzo, por mis buenas acciones, ni buenos motivos. Tampoco es por la iglesia con la que me congrego, ni por mi fidelidad al ofrendar.


Pero por favor no creas que estas acciones no tienen valor. Sí lo tienen, estas acciones sin duda tienen un valor, pero como respuesta de agradecimiento a lo que ya ha sido hecho por nosotros. No olvidemos el precio que Dios y Jesús pagaron para que hacernos capaces de recuperar su imagen: ¡la imagen de Dios!

Espero y oro porque podamos reconocer el amor de Dios en nuestra vida y nuestra dependencia absoluta para recuperar su imagen.

Guillermo Bernáldez

No hay comentarios.:

Publicar un comentario