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noviembre 18, 2010

Algo Anda Mal


¡Saludos y buena semana! Seguramente todos hemos escuchado de la gracia de Dios - del gran regalo de Dios para sus hijos e hijas; regalo que no merecemos, pero que Dios ofrece. Es un concepto fácil de entender, pero muy difícil de poner en práctica. Interiormente, nos sentimos obligados a hacer algo por merecer esta salvación tan grande.

Brennan Manning dedica su libro El Evangelio de los Andrajosos a mostrarnos esta tendencia en las iglesias de occidente: ser merecedores del amor de Dios. La cultura en la que vivimos - hay que pagar por lo que uno quiere - hace que esta tendencia se vea como algo racional, pero no lo es. No hay nada que podamos ofrecer; de ahí el título del libro; el evangelio es para los que no tienen nada.

Si bien algunos entienden la gracia como una excusa para pecar, en realidad no lo es. El apóstol Pablo lo dijo categóricamente: pecar más no es hacer que haya más gracia. Dietrich Bonhoeffer llamó a ésta una gracia barata. No quiso decir que la gracia en sí fuera barata, sino que nosotros al actuar voluntariamente en contra de los mandatos de Dios, le damos un valor mucho más bajo al que le dio Dios. Espero que lo disfruten.

"Nuestra mente ha sido llevada de un lado a otro por los poderes de este mundo, con lo cual el evangelio de la gracia ha sido relegado al lugar de la esclavitud religiosa, con una imagen distorsionada de Dios, como un eterno contable [contador] de mente estrecha. La comunidad cristiana se asemeja a la bolsa de valores, donde el intercambio de obras hace que se honre a una élite y se ignore al hombre común. Se amordaza al amor, se ata a la libertad, se etiqueta la rectitud. La iglesia institucional se ha convertido en algo que hiere al sanado, en lugar de sanar al herido.

Dicho sin ambages: la iglesia ... de hoy acepta la gracia en teoría, pero la niega en las obras. Decimos que creemos que la estructura fundamental de la realidad es la gracia y no las obras, pero nuestras vidas refutan nuestra fe. Por lo general, el evangelio de la gracia no se proclama, ni se comprende, ni se vive. Muchísimos cristianos viven en la morada del temor y no la del amor.

Nuestra cultura ha hecho que sea imposible comprender la palabra gracia. Somos ecos de frases y dichos como:

'
Nada es gratis.'
'Obtenemos lo que merecemos.'
'¿Quieres dinero? Trabaja para ganarlo.'
'¿Quieres que te amen? Esfuérzate por merecer el amor.'
'¿Quieres misericordia? Demuestra que te la has ganado.'
'Haz con los otros como los otros hacen contigo.' [El mandamiento bíblico implica que nosotros tomemos la iniciativa].
'Cuídate de los subsidios, de la gente en la calle, de las salchichas gratis, ..., todo es un engaño.'
'Da a otros como se merezcan... pero ni un centavo más.'

Mi editora en Revell me dijo que oyó decir a un pastor que hablaba con un niño: 'Dios ama a los niñitos buenos'. Al oír sermones con marcado énfasis en el esfuerzo personal... tengo la impresión de que la moda ... es la de la espiritualidad del 'hágalo usted mismo'.

Y aunque las Escrituras insisten en la iniciativa de Dios en la obra de salvación - que somos salvos por gracia, que nuestro amoroso Padre es todo amor -, nuestra espiritualidad suele comenzar por nosotros, y no por Dios... Hablamos de adquirir virtud como si fuera una habilidad que puede conseguirse, como la buena letra.... Sudamos con los ejercicios espirituales como si pudieran llevarnos al estado musculoso del Charles Atlas cristiano.

Aunque de la boca hacia afuera hablamos del evangelio de la gracia, muchos cristianos viven como si fuera únicamente la autonegación y la disciplina personal lo que puede moldear el yo perfecto. El énfasis se pone en lo que hago yo, y no en lo que está haciendo Dios...

Todos nuestros esfuerzos por impresionar a Dios, nuestra búsqueda para obtener puntos, nuestra lucha por intentar reparar lo que está mal en nosotros en tanto buscamos esconder nuestra pequeñez, recriminándonos nuestras culpas, le causan náuseas a Dios... son la rotunda negación de la gracia.
(17-19)

La gracia nos libera de la presión de ser perfectos en todo lo que hacemos, lo cual es imposible. Nos hace libres para dar lo mejor de nosotros y reconocer que aunque sea imperfecto, Dios en su gracia lo recibe con amor. Nos libera de juzgar a los demás porque nos hace reconocernos como lo que somos: imperfectos y pecadores, pero amados por nuestro Padre. Dios no se maneja en el mercado de la oferta y la demanda, de la relación costo-precio. Dios amó tanto a las personas que envió a su Hijo, Jesús para que muriera por nosotros.


No hay nada que podamos hacer bien para hacer que Dios nos ame más - nuestros mejores esfuerzos son como vil basura para Él. Lo bueno es que tampoco podemos hacer algo terriblemente malo para que nos ame menos. Que podamos entender la gracia de Dios, pero que también podamos vivirla - aceptarla, es un regalo de nuestro Padre. No neguemos la gracia. Que nuestras congregaciones - y nosotros mismos - sirvamos para curar al herido y no para herir al sano.

GB

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