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mayo 23, 2013

A un gran y verdadero amigo: mi papá

       Saludos, nuevamente.

       Había comenzado a escribir el pensamiento, hace unas tres semanas sin saber que el Señor llamaría a mi padre pocos días después.  Como han de imaginar, muchas cosas cambiaron.  En todo, Dios nos ha sostenido y ha sido bueno.   Hoy, cuando después de todo el ajetreo, puedo sentarme a terminar, me di cuenta que el texto era apropiado para recordar a mi papá.  Al leer lo que hizo Randy por Bob, puedo ver a mi propio papá acompañándome a lo largo de la vida.  

       El pensamiento para hoy es de un libro de historias y anécdotas que Bob Goff relata.  El libro se llama  "El Amor Hace" y el título de esta historia en particular se llama "Estoy Contigo".   La referencia principal es Jesús, que está con nosotros como lo ha prometido.  Este ejemplo, se encarna en la vida de Randy, un joven amigo del autor.  Randy, aunque es varios años mayor que Bob, es un amigo en serio, un amigo en las buenas y en las malas, un amigo que lo acompaña a pesar de que esto signifique un sacrificio personal. 

       La historia es que Bob, desilusionado piensa abandonar la escuela y le comenta a Randy, quien decide acompañarlo en su aventura.  Que disfruten la historia.

        "Después de echarle gasolina al coche, sólo me quedaban unos cuantos pesos en el bolsillo, así que Randy se ofreció a pagar por la cena.  Cuando volvíamos al auto después de haber comido, me volví hacia Randy y le dije: 'Sabes, Randy, ha sido fantástico que vinieras conmigo y todo eso, pero siento que me estoy quedando sin opciones.  Creo que voy a regresar y acabar la escuela secundaria.'  Tras una breve pausa, Randy volvió a repetir lo que se había convertido en un gran consuelo para mí durante el viaje: 'Oye, decidas lo que decidas, sabes que de cualquier manera, estoy contigo, Bob'.

       Randy había estado conmigo y podía afirmar que
estaba conmigo' tanto en espíritu como con su presencia.  Estaba comprometido conmigo y creía en mí.  Yo no era un proyecto, era su amigo.  Me preguntaba si tal vez todos los cristianos actuaban de ese modo.  No lo creía, porque la mayoría de los que había conocido hasta el momento eran un tanto faltos de personalidad, parecían tener más opiniones sobre a qué o quién se oponían, que sobre aquello o a quién apoyaban.  Sin hablar mucho más, Randy y yo intercambiamos una mirada silenciosa y asentimos con la cabeza: esto indicaba que habíamos acabado.  Sin pronunciar palabra, salté al asiento del conductor, Randy hizo con el asiento del pasajero y seguimos la senda proyectada por las largas sombras del día anterior.  Estaba regresando.  

       No hablamos demasiado al abandonar el valle de Yosemite; de hecho, tampoco conversamos durante un largo trecho del camino a casa.  Uno de mis sueños acababa de internarse en un hospicio, y Randy era lo bastante sensible para saber que yo necesitaba espacio para pensar.  Viajamos durante cinco o seis horas en silencio.  De vez en cuando, Randy chequeaba cómo me iba, en su confiada y alentadora voz: 'Eh Bob, ¿qué tal estás?'

       Bajamos por algunas calles familiares y llegamos a casa de Randy.  Había otro coche estacionado junto al suyo; parecía el de su novia.  Solía visitarle con frecuencia.  Caminamos hacia la puerta delantera y él la abrió.  Entré detrás de él sin que me invitara a hacerlo, pero de alguna manera me sentí bienvenido.  En el suelo observé una pila de platos y papel de regalo, una cafetera, algunos vasos.  Sobre el sofá había un microondas a medio meter en una caja.  Al principio no lo entendí.  ¿Acababa Randy de celebrar un cumpleaños?  ¿El de su novia quizás?  Un microondas parece una forma extraña de celebrara porque no había papel de regalo.  Entonces, desde la vuelta de la esquina, la otra mitad de la pareja salió y lanzó sus brazos alrededor de Randy.  'Bienvenido a casa, cariño'.  En ese momento lo entendí todo.

       Sentí nauseas y me emocioné.  Comprendí que lo que había en el suelo eran regalos de boda.  Randy y su novia acababan de casarse.  Cuando yo había llamado a su puerta aquel domingo por la mañana, Randy no solo vio a un alumno de escuela secundaria que había interrumpido el principio de su matrimonio, sino a un chico que estaba a punto de saltar a la vía del tren.  En lugar de pasar los primeros días de casado con su esposa, me los dedicó a mí, colándose con sigilo en la parte trasera de una caseta de campaña.

       ¿Por qué?   Porque Randy me amaba.  Vio la necesidad y actuó.  No se limitó a decir que me apoyaba o que estaba conmigo.  Estuvo presente, conmigo, de verdad.

       Lo que aprendí de él cambió para siempre mi opinión de lo que significa tener una amistad con Jesús. Entendí que la fe no significa saber todas las cosas correctas ni obedecer una lista de normas.  Es mucho más, algo más costoso, porque implica estar presente y hacer un sacrificio.  Quizás sea esta la razón por la que, a veces, a Jesús se le llame Emanuel, 'Dios con nosotros'.  Creo que esto es lo que Dios tenía en mente: que Jesús estuviese presente, que sólo estuviese con nosotros.  Creo que esto es lo que Dios tenía en mente para nosotros cuando le otras personas se trata.  

        ... Lo que aprendí de Randy sobre la clase de amor que Jesús ofrece es que tiene más que ver con la presencia que con emprender un proyecto.  Es un tipo de amor que no sólo en las cosas buenas, está de acuerdo con ellas o habla de ellas.  Lo que aprendí de Randy reforzó la sencilla verdad que sigue tejiéndose en el tapiz de toda historia extraordinaria:

       El amor hace."
(7-9)

        Me siento muy agradecido porque Dios ha provisto muy buenos amigos a lo largo de mi vida.  Igualmente me siento bendecido por mi padre acá en la tierra - a quien puedo contar como un verdadero amigo.


(Papá y yo - nuestra primera navidad)

       El llamado que tenemos como seguidores de Jesús es similar - ayudándonos y motivándonos los unos a los otros.  No siempre se trata de aceptar lo que hacen los otros, habrá veces en las que tengamos que confrontarlos - pero siempre en amor.  Espero poder acompañar a mis amigos y así reflejar el amor de Jesús, ¿y tú?   Espero que también.

       Gracias a Dios por mi papá

       Guillermo Bernáldez


abril 20, 2013

¿Quién necesita a Quién?


       Saludos, 

cuando compré el libro Radical de David Platt, no estaba muy seguro de lo que encontraría en él.  La premisa básica es que seguir a Jesús no es fácil, sino que por el contrario, demanda morir a nosotros mismos.  Platt nos hace ver que muchas de nuestras acciones, pensamientos y anhelos - posesiones, progreso, popularidad, etc. - se oponen a algunas de las enseñanzas de Jesús.

       Platt relata la historia de Juan 6 cuando Jesús está hablando del pan de vida, y una multitud está dispuesta a seguirlo.  Platt cuenta que la mayoría de nosotros, los que somos parte de alguna iglesia, estaríamos celebrando la adición de un número tan grande de seguidores.  Sin embargo, Jesús continúa diciendo que tienen que comer su carne y beber su sangre, lo cual genera discusiones porque es algo muy difícil he hacer, de tal forma que 'Desde entonces muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no andaban con él' (Jn 6:66).  Platt, de forma algo cómica imagina a los doce pensando, al momento de escuchar estas palabras, 'No Jesús, no les digas eso que los vas a espantar'. 

       En esta sección, Platt nos hace ver qué tanto hemos cambiado las verdades bíblicas.  Tanto que hemos llegado al punto en  que pensamos que Dios necesita de nosotros, en lugar de reconocer que nosotros somos los que lo necesitamos.  Claro que esto refleja mucho de la idiosincrasia de muchas de nuestras iglesias, pero lo dejo en las palabras de Platt. 


        Aclaro que es mi traducción y no tomado de la versión en español. Espero que lo disfruten:

       "... Repentinamente parece que las fórmulas del cristianismo contemporáneo ya no son adecuadas.  Pídele a Jesús que entre en tu corazón.  Invita a Jesús a tu vida.  Repite esta oración, firma esta tarjeta, pasa por el pasillo, y acepta a Jesús como tu Salvador personal.  Nuestro intento de reducir este evangelio [el de Jesús] a una presentación reducida y empaquetada para persuadir a alguien para que nos responda y diga o haga la oración adecuada, ya no parece apropiado. 


       Esa es la razón por la que ninguna de estas frases hechas por los hombres se encuentra en la Biblia.  No encontrarás un verso en la Escritura donde a las personas se les pida que 'inclinen su cabeza, cierren sus ojos, y repitan lo que digo.'  No encontrarás un lugar en donde una supersticiosa oración del pecador es mencionada.  Y no encontrarás un énfasis en aceptar a Jesús.  Hemos tomado al infinitamente glorioso Hijo de Dios, quien soportó la infinitamente terrible ira de Dios y quien reina como el infinitamente digno Señor de todo, y lo hemos reducido a un pobre, reducido Salvador quien nos ruega que lo aceptemos.  ¿Aceptarlo?  ¿En realidad pensamos que Jesús necesita nuestra que lo aceptemos?  ¿No lo necesitamos nosotros a él?

       Te invito a que consideres conmigo una respuesta apropiada a este evangelio.  Seguramente requiere más que hacer una oración.  Seguramente garantiza más que una religiosa asistencia.  Seguramente este evangelio evoca una entrega incondicional de todo lo que somos y todo lo que tenemos a todo lo que él es.

       Tú y yo necesitamos desesperadamente considerar si en realidad, auténticamente, hemos confiado en Cristo para nuestra salvación.  Bajo esta luz, las palabras de Jesús al final del Sermón del Monte son de las más nos deben hacer sentir humildad en toda la Escritura.


       'No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.  Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?'  Entonces les diré claramente: 'Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!'' 

       Platt explica entonces, que Jesús no está hablando con gente no religiosa, atea o agnóstica, sino con gente devota.  Es decir, como la mayoría de nosotros, que leemos la Biblia, nos reunimos regularmente, etc.  Y continúa diciendo:

      "...  El evangelio nos demanda y capacita  para dar la espalda al pecado, tomar nuestra cruz, morir a nosotros mismos y seguir a Jesús.  Esos son los términos y expresiones que vemos en la Biblia.  Y nuestra salvación consiste de una profunda lucha en nuestras almas con el pecado en nuestros corazones, lo profundo de nuestra depravación, y nuestra desesperada necesidad de su gracia.  Jesús no es más el invitado o el aceptado sino el que es infinitamente digno de nuestro inmediato y total rendimiento.  

       Es posible que pienses que suena como si tenemos que ganarnos  el acceso a Jesús por medio de una obediencia radical, pero no es el caso.  De hecho, dice la Biblia que 'por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte' [Ef 2:8-9]Somos salvos de nuestros pecados por el regalo gratuito de la gracia, algo que sólo Dios puede hacer en nosotros y que  nosotros no podemos generar.

       Pero el regalo de la gracia incluye el regalo de un nuevo corazón; nuevos deseos, nuevas esperanzas.  Por primera vez, queremos a Dios.  Vemos nuestra necesidad de él, y lo amamos.  Lo buscamos, lo encontramos, y descubrimos que él es en realidad la gran recompensa de nuestra salvación.  Somos conscientes de que no sólo somos perdonados, o que tenemos asegurada la eternidad en el cielo, sino que somos salvos para conocer a Dios.  De esta manera, lo deseamos.  Lo queremos tanto, que abandonamos todo lo demás para poder vivirlo.  Ésta es la única respuesta apropiada para la revelación de Dios en el evangelio.

       Ésta es la razón por la que hombres y mujeres alrededor del mundo arriesgan sus vidas para conocerlo mejor.  Ésta es la razón por la que debemos evitar caricaturas baratas del cristianismo que fracasan al exaltar la revelación de Dios en su Palabra.  Éste es el por qué tú y yo no podemos conformarnos con un evangelio que no sea centrado en Dios, que exalte a Cristo y que nos pida negarnos a nosotros mismos."
(36-39)




       Seguir a Jesús es resultado de la convicción que el Espíritu Santo nos da.  Por eso es que a pesar de las dificultades, nos capacita para seguir adelante.  Dios es nuestro Creador, nosotros sus creacionesÉl es todopoderoso, nosotros débiles.  Él es infinito, nosotros tenemos nuestros días contados.  Él nos dio un Salvador, nosotros necesitamos un salvador.  Él es Dios, nosotros no. 

       Orando para que podamos mantener una perspectiva bíblica.

Guillermo Bernáldez

marzo 12, 2013

Obediencia por amor y no por temor

       Saludos,

un buen amigo me envió este pensamiento.  Es más teológica de lo que normalmente escribo, sin embargo, creo que vale la pena leerlo. 

      La cita original es de Bryan Chapell, un excelente maestro de homilética en Seminario Teológico Covenant, de su libro Preach with Power (Predica con Poder), como la citó Chan Kilgore, pastor de la Iglesia Crosspointe en Orlando, Florida.

       El argumento principal es que la gracia de Dios es suficiente para nuestra salvación.  Nuestras obras no pueden alcanzar la salvación, sino que son resultado del amor y agradecimiento a Dios por su gran amor por nosotros.  Espero que lo disfruten.




"'Cuando el pueblo de Dios sólo escucha los imperativos de la Palabra, están forzados a concluir que su santidad es un producto de sus esfuerzos.  Lo que necesitaba aprender era que la cura era predicar menos de la Escritura, sino más.  Particularmente, necesitaba aprender a predicar cada texto en su contexto redentivo.  Así, en su contexto el texto nunca se trata exclusivamente de una instrucción moral, sino que siempre es acerca de nuestra dependencia en nuestro Salvador, para que podamos ser y hacer lo que la Palabra requiere.'  En esencia, la exposición redentiva requiere que nos identifiquemos una condición de seres caídos que el Espíritu Santo trate en el texto que él inspiró para tu edificación, y entonces el camino de Dios al dilema humano.  Dicho patrón no sólo pone en evidencia el predicamento humano que requiere el alivio de parte de Dios, fuerza al predicador a enfocarse en la solución divina.  Su gloria siempre es lo más alto del sermón.  La vanagloria en la habilidad humana y el engrandecimiento del orgullo humano desaparecen con este tipo de enseñanzas, no porque los imperativos de la ley de Dios sean minimizados, sino porque Dios siempre es el héroe del texto.  Él nos capacita para ser justos, perdona nuestra falta de justicia, y provee en esas ocasiones en las que somos débiles.  Porque la interpretación redentiva de las Escrituras nos lleva a enseñanzas marcadas por una exaltación constante de la misericordia de Dios en Cristo, los corazones en los que habita el Espíritu están constantemente siendo llenados con más razones para amar a Dios.  Este amor se vuelve la motivación principal para la obediencia cristiana ya que los corazones en los que habita el Espíritu responden con amor por su Salvador.  Para el creyente no hay una motivación más grande que la gracia - amor estimulado - y no temor, culpa o ganancia.  El amor ardiente por Dios es alimentado por la comunicación constante de la gracia, esto hace que el creyente quiera caminar con Dios y obedecer los mandamientos que lo complacen.  Ésta es la razón por la que el apóstol Pablo pudo decir que la gracia de Dios nos enseña a decir no a las impiedad y las pasiones humanas (Tit 2:12).  La Biblia no reconoce alguna definición de gracia que excuse el pecado o promueva la laxitud moral. Cuando  la gracia es entendida adecuadamente, uno no se deshace de la ley; sino que ésta es atesorada.  Queremos honrar los estándares que honran a Dios, porque lo amamos.  Las reglas no cambian en el evangelio basado en la gracia; las razones sí.  Servimos a Dios porque lo amamos, no para lograr que Él nos ame.  Después de todo, ¿cómo es que nuestros trapos sucios pueden hacer que Dios nos ame? [Is 64:6]  Él nos libera de la banda sin fin del desempeño que promete brindar santidad a través del esfuerzo humano, pero el sentimiento en el corazón es amor que está más preocupado por complacerlo.  La abrumadora e incondicional misericordia de Dios nos aseguró que no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús (Rm 1:8), sino que en lugar de promover el libertinaje, esta bondad lleva al arrepentimiento (Rm. 2:4).  Queremos alejarnos del pecado que entristece al que amamos (Ef 4:30).  El viejo imperativo de los predicadores, 'aprovechar la sangre al máximo,' refleja mucha sabiduría acerca de la motivación humana.  La cruz estimula el amor a Dios, la resurrección celo por sus propósitos, y la segunda venida perseverancia en su causa.  Todas son necesarias, pero la misericordia de Dios hacia las personas que no la merecen - al tiempo que se desarrolla a través de la Escritura y culmina en la Cruz - continúa siendo el mensaje que prepara al corazón para que reciba y emplee todas las otras verdades del evangelio."
  

       Es porque obedecemos por amor, que nuestra obediencia a los mandamientos de Dios no es una acción legalista.  Su observancia no es para alcanzar la santidad; la santidad nos es dada únicamente por el sacrificio y resurrección de nuestro señor Jesús.  

       Cuando el Espíritu Santo nos  muestra y nos hace entender este amor, nuestra reacción es querer complacer a quien nos ama tanto, hacer su voluntad, y esperar para reunirnos con él, por siempre.

       En la gracia inmerecida de la que participamos
 Guillermo Bernáldez

febrero 19, 2013

Lo Esencial



       Saludos,
 
el pensamiento para esta semana me lo sugirió mi esposa.  Es de uno de sus autores favoritos: Dan B. Allender.  Se encuentra en su libro titulado Cómo los Hijos Crían a los Padres, un libro que vale la pena leer pues nos muestra por qué es que la Biblia dice que los hijos son una recompensa de Dios
 
       En esta ocasión el texto se presta para ser aplicado no sólo a la familia, sino también a la familia de Cristo; es decir, la iglesia.  Por eso es que se han agregado notas para recordarnos que algunas actitudes en nuestros hogares, son similares en las iglesias.  
 
       La idea central es que muchas veces creemos que poseemos la verdad absoluta, cuando en realidad existen varios otros puntos de vista que son igualmente válidos.  Por favor, no te confundasLa idea central no es argumentar a favor o en contra de israelíes o palestinos, sino de temas que no son centrales a las doctrinas cristianas; y que, sin ser importantes, de todas formas las usamos para desacreditar a los demás.  Como resultado es la división y la fragmentación del cuerpo de Cristo.  Espero que lo disfruten y nos desafíe a ser más tolerantes en cuestiones que no son esenciales.

       "Odiamos la ética gris, así que en cambio decidimos ver las cosas en blanco y negro.  Por ejemplo, Israel es bueno porque los judíos fueron un pueblo perseguido y porque el gobierno de Israel permanece leal a Estado Unidos.  Los palestinos son terroristas porque se oponen a Israel y maten a civiles inocentes.  Sin embargo, hable con alguien en Cisjordania y descubrirá que el terrorista de un hombre es el libertador de otro.  ...El mundo es complejo y está lleno de paradojas, y la crianza de los hijos [o la vida en la iglesia] no es una excepción.  Nuestro malestar con las paradojas, al igual que el gris ético de los aliados malos, causa que busquemos soluciones simples.  Queremos aceptar las cosas como buenas en su totalidad, o malas en su totalidad, y esta tendencia moldea la manera en que criamos a nuestros hijos [y que funcionamos en la iglesia].  Mientras más creemos que nuestro bando es el justo y bueno, más críticos nos volvemos hacia quienes no están de acuerdo con nosotros.  Por lo tanto, cuando en el hogar [o en la iglesia] se enseñan los valores y el panorama mundial, el enfoque a menudo es estrecho, dogmático y críticos antes que franco, curioso y de diálogo.  Debido a que nos ponemos de punta con las complejidades de la vida, tendemos a adoctrinar a nuestros hijos [o a los miembros en la iglesia] según la postura de nuestra propia tribu y a difamar de la postura de los demás.  Ésta es la credibilidad de estar convencidos en la absoluta certeza de nuestra postura, aunada a la sospechosa desconfianza de cualquier postura que difiere de la nuestra.  Aun así, es inevitable que al caer de nuevo en la simplicidad del blanco y negro de las convicciones prefabricadas se alimente la sospecha y la credibilidad.  En realidad nos lleva más lejos y nos lanza al umbral de la rectitud propia."
 
[Más adelante dice cómo cambia esta tendencia]  

       "A medida que encaramos lo que nos falta, enfrentamos la desconfianza propia.  Nos damos cuenta que somos muy deficientes y que ni nos acercamos a la tarea de criar hijos [o cualquier otra tarea en la iglesia o el resto de nuestras vidas].  Entonces, la duda de nuestra insuficiencia logra humillarnos con el fin de prepararnos para que Dios nos haga completos en medio de la paradoja." 
 (75-77)

        Sin duda no es fácil hablar de este tema.  Se requiere humildad y mucha honestidad para poder admitir que, en lugar de nutrir el cuerpo de Cristo, estamos destruyéndolo.  Al hacerlo, somos culpables de desobedecer el mandamiento que Jesús hace a sus discípulos de mantenerse en unidad y en amor, y destruyendo el testimonio de la iglesia.

       Si nos preguntamos cuáles son los temas centrales del cristianismo, probablemente el Credo de los Apóstoles es un buen comienzo.  

       Es posible que no logremos ponernos de acuerdo en todo con hermanos y hermanas de otras denominaciones en cuestiones que no son importantes, pero recordemos la tolerancia que muestra Pablo, que aún sabiendo que algunas personas predican por contienda, él se alegra porque las buenas nuevas son comunicadas.  ¿Qué nos toca hacer a nosotros entonces?  


       Que Dios nos dé la capacidad para reconocer lo que es realmente importante de aquello que no lo es; y que nos dé el amor y la tolerancia para poder vivir como miembros de la familia de Jesús... y también en nuestras propias familias.  Rindámonos ante nuestro Padre, solo Él puede capacitarnos.  Dependamos de Él.

       En el amor de Cristo

Guillermo Bernáldez