Visitas

free counters

julio 12, 2011

Humildad


Saludos,

ahora desde México después de una desgastadora mudanza. Pero feliz de poder compartir con ustedes un pensamiento para meditar esta semana.

El autor para esta semana es Andrew Murray y el libro es simple y sencillamente Humility (Humildad). Murray nació en Sudáfrica en 1828 y es conocido por su labor pastoral y por sus meditaciones y devocionales. Éste en particular es un librito de poco más de 100 páginas con una profundidad notable. La cita es la introducción al libro. Es posible que la lectura no sea tan fácil porque traté de respetar el estilo con que escribió Murray hace casi dos siglos. Pero creo que vale la pena el esfuerzo.

El tema en sí es bastante contra-cultural. En este tiempo en donde el YO es lo más importante en la vida de cada persona, hablar de humildad y servicio no nos parece atractivo. Aun como cristianos con frecuencia dejamos que nuestro orgullo nos controle y sea piedra de tropiezo. Nuestro orgullo se fundamenta en nuestros preparación, familia, posición social, y hasta en acciones que son marcas de un buen seguidor de Jesús, pero que las hacemos públicas para que la gente nos mire: cuánto oramos, cuan fieles somos al ofrendar y diezmar, la puntualidad en las actividades de la iglesia, etc. En ningún momento quiero desalentar a las personas que hacen estas cosas para que dejen de hacerlas, ¡no! Son buenas, pero no son para nuestra gloria, sino para la gloria de nuestro Padre. Espero que lo disfruten.

"Existen tres grandes motivos que nos motivan a la humildad. Ella me fortalece como hombre, como pecador y como santo. Vemos el primer motivo en las huestes celestiales, en el hombre no caído, en Jesús como el Hijo del Hombre. El segundo motivo nos llama en nuestro estado caído, y señala el único camino a través del cual podemos regresar al lugar al que pertenecemos como hombres. En l tercer motivo nos encontramos con el misterio de la gracia, la cual nos enseña que, al extraviarnos en la asombrosa grandeza del amor redentor, la humildad se vuelve en nosotros la consumación de la bendición y adoración eterna.

En nuestra típica enseñanza cristiana, se ha enfatizado exclusivamente el segundo aspecto, el del hombre como pecador. Algunos han llegado al extremo de decir que debemos seguir pecando si en verdad queremos permanecer humildes. Otros han pensado que el secreto de la humildad es la fuerza de la auto-condenación. Y la vida cristiana ha perdido, porque los creyentes no han sido distintivamente guiados para ver que nada es más natural, hermoso y bendecido que ser nada para que Dios sea todo. No se ha aclarado que no es el pecado lo que nos hace humildes, sino la gracia. El alma toma verdaderamente su posición más baja ante Dios, cuando es guiada a través de su pecaminosidad y se ocupa de Dios en su maravillosa gloria como Dios, como Creador y Redentor.

... he decidido, por más de una razón, enfocarme casi exclusivamente a la humildad que se vuelve en nosotros como hombres. No solo porque la conexión entre la humildad y el pecado ya ha sido abundantemente enseñada, sino porque creo que para la plenitud de la vida cristiana, es indispensable que se dé prominencia al otro aspecto. Si en realidad Jesús es nuestro ejemplo en su humildad, debemos entender los principios en los que tiene sus raíces. Necesitamos encontrar el terreno común en el que nos encontramos con Él, y en el que nuestra semejanza con Él debe ser alcanzada. Si en verdad debemos ser humildes, no sólo ante Dios sino también hacia los hombres - si la humildad debe ser nuestro gozo - debemos ver que la humildad no sólo es la marca de vergüenza por causa del pecado. También debe entenderse que aparte de todo el pecado, la humildad está cubierta con la misma belleza y bendición del cielo y de Jesús.

Veremos que igual que Jesús encontró su gloria al tomar la forma de siervo, también nos dijo, 'El más importante entre ustedes será siervo de los demás' (Mateo 23:11). Él simplemente nos enseñó la bendita verdad de que no hay nada tan divino y celestial como ser el siervo y ayudante de todos. El siervo fiel que reconoce su posición disfruta al proveer las necesidades de su señor o de sus huéspedes. Cuando vemos que la humildad es algo infinitamente más profundo que el arrepentimiento, y lo aceptamos como nuestra participación en la vida de Jesús, comenzaremos a aprender que esa es nuestra verdadera nobleza. Empezaremos a entender que ser siervos de todos es la meta más elevada de nuestro destino, como personas creadas a la imagen de Dios.

Cuando reviso mi propia experiencia religiosa, o a la Iglesia de Cristo en el mundo, me quedo maravillado de qué tan poca humildad se observa como la característica distintiva del discipulado de Jesús... la humildad no se estima como una virtud cardinal. No se le considera la única raíz de donde todas las gracias pueden crecer, y la única condición indispensable para la verdadera comunión con Jesús. La acusación hacia aquellos que buscando una santidad más elevada no lo han hecho siempre con humildad es un llamado para todos los cristianos sinceros a probar que la mansedumbre y la pobreza de corazón son las marcas principales por las que ellos siguen al manso y humilde Cordero de Dios."
(5-8)

Cuando leí estas palabras no pude evitar verme a mí mismo y a los motivos que están detrás de muchas de mis acciones; a mi deseo de tener la razón; a mi hambre de reconocimiento. Noté que me falta humildad. Mi naturaleza responde instintivamente exaltando mi Ego - mi Yo.


Me sorprendió mucho ver que Murray describe la humildad como algo en lo que nos gozamos, porque eso nos hace más parecidos a Jesús mismo - el ejemplo perfecto de la humildad y el amor. Mi oración es que los seguidores de Jesús podamos ser reconocidos por nuestra humildad genuina y nuestro sincero deseo de servir.

Guillermo Bernáldez


No hay comentarios.:

Publicar un comentario